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A comienzos del siglo XVIII, la Arquidiócesis de Bogotá, comenzó el proceso de escisión de su territorio, debido al incremento de fieles y a la dificultad de administrar tan vastas jurisdicciones.
“Esta es la paz de Cristo resucitado: una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante, que proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente”.