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De la FIFA y otros demonios
En este nuevo, generoso y para nada codicioso formato de la FIFA, el torneo se extenderá por 39 larguísimos días.
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Sábado, 13 de Junio de 2026

El jueves 11 de junio de 2026, rodó por fin el balón en el legendario Estadio Azteca de la Ciudad de México, dando inicio al Campeonato Mundial de Fútbol. La inauguración, por supuesto, no podía ser un evento cualquiera; estuvo engalanada por la mismísima Shakira. La barranquillera ya es más fija en los mundiales que el calor y el mute de los domingos en Cúcuta, anotándose su cuarto certamen consecutivo mientras el resto del planeta se pregunta si es que en la FIFA no tienen el contacto de ningún otro artista en su agenda.

En este nuevo, generoso y para nada codicioso formato de la FIFA, el torneo se extenderá por 39 larguísimos días. ¡Mano, es que pasamos de los terrenales 32 equipos de Qatar 2022 a la medio bobadita de 48 selecciones! Esto significa que, en lugar de los 64 partidos de antes, ahora nos tocará soplarnos 104 encuentros distribuidos entre Estados Unidos, México y Canadá. Una maratón futbolística que terminará el domingo 19 de julio en el Estadio de Nueva York - New Jersey. ¡Arrecha la cosa para las piernas de los jugadores, pero bendita para las cuentas bancarias de los organizadores!

Semejante despliegue, obviamente, no es por puro amor al arte. Según los analistas de gestión de fortunas del Banco Suizo UBS —expertos mundiales en mirar de reojo de dónde viene el dinero sin hacer muchas preguntas—, el certamen podría inyectarle unos US$41.000 millones al PIB global. El informe de esta institución concluye, con una agudeza que asusta, que el fútbol se está transformando en algo "institucionalizado, diversificado y atractivo para la inversión". ¡De no creer! Descubrieron que el agua moja. De hecho, estiman que 3 de cada 4 personas en el planeta (unos 6.000 millones de almas) estarán pegadas a las pantallas, demostrando que la humanidad prefiere ver rodar una pelota antes que ganarse un dolor de cabeza pensando en sus propias deudas.

Para apuntalar este negocio, el estudio recuerda que los 20 clubes con la billetera más gorda del planeta alcanzaron una cifra récord de 12.400 millones de euros en la temporada 2024-2025, con un incremento interanual del 11%. El balompié ha evolucionado tanto que hoy está inyectado por fondos de capital internacional y estructuras financieras tan complejas que parecen un bulto de anzuelos, donde los hinchas tradicionales terminan pintados en la pared, viendo cómo su deporte se vuelve un juguete corporativo.

Sin embargo, el campeonato no ha estado exento de inconformismos. La FIFA, haciendo gala de su habitual e "impecable" transparencia, ha manejado la venta y el precio de las entradas de una forma tan misteriosa que ya levantó ampolla y severas críticas por parte de aficionados y jueces estadounidenses. Y cómo no, si una entrada promedio para la final tiene el módico costo de 11.790 dólares. Un precio tan "solidario" que a cualquier mortal de la región le tocaría vender hasta el apellido para pagarlo.

Pero no se preocupen por los de arriba; el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ese abnegado abogado y dirigente deportivo, se sacrifica ganando solamente 6 millones de dólares al año por liderar este humilde proyecto. Habrá que hacerle una colecta pública o mandarle unos pasteles de garbanzo para que el pobre hombre no pase necesidades en Suiza.

Como cereza del pastel, en una hermosa coincidencia, mientras el mundo vive el frenesí del torneo, a los colombianos nos espera nuestra propia final el próximo domingo 21 de junio, cuando se conocerá al ganador de la conocida contienda local. Habrá que ver cuál de los dos circos nos deja más endeudados o si, como buenos parroquianos, terminamos celebrando los goles ajenos mientras nos meten los propios en casa.


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