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Durán Barajas: jurista y sociopolitólogo
Entonces el “botín” de esa precaria mayoría era solo burocrático y apropiarse del control previo para el chantaje y la extorsión ahora “de modé”.
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Jueves, 16 de Julio de 2026

El sábado pasado, en su columna de opinión, el líder y contralor local con tres marcas Pedro Durán Barajas, abogado de la Universidad Santo Tomás, que es confesional sociólogo de la Universidad Nacional, que es anarquista y politólogo de la Universidad de los Andes, que es “progre” y a quien admiro mucho, nos llamó públicamente “felinos rabiosos”.

Todo, porque le importa muchísimo que los simpatizantes de Abelardo de la Espriella, El Tigre, que aquí en Norte de Santander y Cúcuta somos el 80%, le pidamos con ganas la plata que él no pidió para cinco programas cuando tenía la obligación de hacerlo, so pena de prevaricar.

Pedir plata para continuar:

1. La doble calzada Pamplona-Bucaramanga, paralizada a petición politiquera de los municipios de Tona, Silos, Chitagá y conectar de manera definitiva las dos capitales departamentales.  

2. Plata para asumir la financiación de la conexión con la red matriz de gas natural al gasoducto en la ruta paralela vial Cúcuta-Aguachica hoy en estado de formulación avanzado, involucrando recursos de crédito para amortizar con la tarifa de consumo como en otros tiempos.

3. Colocar a derecho el proyecto de transporte Público Integrado STP del Área Metropolitana de Cúcuta.

4. Hacer realidad la PTAR, Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales.

5. Fortalecer la estructura de los edificios públicos como colegios, palacio municipal, plan antisísmico y del medio ambiente. Como cuando todos los colombianos en un falso proteccionismo, asumimos los costos de las concesiones de la EPM (1945) y Paz de Río (1952) y El Metro, ¿recuerdan?  

¿Qué le pasó a Pedro para decir esas cosas, que no ha comenzado cuando la ley lo obliga? Debería ser más seguro.

Nunca antes se había elegido un contralor municipal con tanto respaldo: 13 votos, de 19 concejales cuando solo necesitaba 10.  

Cómo cambian los tiempos. En los años 70, era complicado elegir contralores aquí. Era un viacrucis lograr la mitad más uno y una vez electo, había que secuestrarlo y privarlo de su libertad trasladándolo al Hotel Tamá, de San Cristóbal, vigilándolo, para que no entrara en contacto con los de la minoría y lo voltearan y se perdía el “botín”.

Entonces el “botín” de esa precaria mayoría era solo burocrático y apropiarse del control previo para el chantaje y la extorsión ahora “de modé”.

Después sí se comenzó a involucrar grandes sumas de dinero con “la quema involuntaria” del Palacio Departamental, cuando a Pacho Jordán se le olvidó apagar la veladora que en un rincón de la Contraloría le prendía a la réplica del Señor Humilladero. Eso, contaba el mono Rafael Colmenares.

Pero en esos tiempos las cosas eran diferentes. En 1945 el servicio de acueducto y alcantarillado se les entregaba a hombres de absoluta trasparencia y vocación de Servicio, como lo hacía el farmaceuta  don Numa Pompilio Guerrero desde su Droguería Americana, sin cobrar y sin que se perdiera un peso.

Adenda: Nunca es tarde para empezar, lo que se le olvidó al contralor Durán Barajas. El alcalde Acevedo pidió ayuda para institucionalizar el municipio de Cúcuta. ¡Ayudemos!


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