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Lo que pasó en Estado Unidos
Esperemos que su derrota sea el preludio de una mejor orientación de la política norteamericana
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Viernes, 6 de Noviembre de 2026

Las elecciones en Estados Unidos dejaron ver el hartazgo de mucha gente con el talante de su presidente y con sus maneras insultantes contra los valores que han servido de base a las democracias moderna y al Estado de Derecho. El presidente de los Estados Unidos no tiene en buena estima la solidaridad, ni la tolerancia, ni la separación de poderes, ni la igualdad ante la Ley, ni mucho menos el Derecho Internacional. Para él solo vale como principio de la política y del Estado una idea de libertad que borra las cortapisas al crecimiento sin límite de las grandes fortunas y de los grandes poderes, para que se ensanchen sin límites.

Esperemos que su derrota sea el preludio de una mejor orientación de la política norteamericana en favor de la equidad y la justicia social, que también han sido pilares de la nación americana.

En las otras costas atlánticas la gente igualmente está pidiendo cambio a gritos. Los miles de jóvenes que protestan en Francia y en Alemania también tienen la equidad como eje de su movilización. Piden mejores condiciones para la educación pública e intervención estatal para mejorar las condiciones del mercado de la vivienda en favor de los consumidores jóvenes y con menor capacidad de pago. Piden la reducción del gasto en defensa y seguridad en procura de presupuestos mayores para restablecer lo que consideran que nunca debieron perder: el Estado de Bienestar.

Hay razones para pensar que un ciclo neoliberal de medio siglo puede estar comenzando a cerrarse. Desde principios de los años 80 hasta hoy, ha sido dominante la confianza radical en el mercado como fórmula de estabilidad social y económica. Atacar las instituciones del Estado de Bienestar donde quiera que estaban y servirse del libre mercado para sustituir la provisión de bienes antes confiados al Estado fue una fórmula que se consideró universalmente válida, cuyos resultados fueron desiguales, según cada caso donde se aplicó la fórmula.

Hoy,cuando la digitalización y ahora la inteligencia artificial han cambiado las condiciones materiales del mundo con tanta radicalidad, la idea de libertad sin restricciones se muestra como una circunstancia que favorece la concentración desbordada de la riqueza a un punto tal que interfiere con la democracia y el Estado mismo. Esa es una de las razones por las que también protestan muchos jóvenes en Francia y Alemania, que sienten a sus Estados completamente superados por el poder de las empresas multinacionales de servicios digitales y por las empresas de inteligencia artificial, que son los nuevos amos del mundo.

En este momento de la historia es claro que en el centro del mundo occidental (no es nuestro caso) hay una tensión muy visible entre sectores sociales defensores del orden neoliberal de los años 80, que hoy se afianzan en la trama de intereses surgidos de la economía de las finanzas y los servicios digitales de comunicación y las nuevas tecnologías, más ricos y poderosos que nunca y cuya figura más emblemática es el mítico dueño de X, y por otra parte, sectores que reclaman intervención estatal antimonopólica para generar condiciones mejores de democracia y libertad fundadas en la equidad. También tienen los recursos digitales y la IA como herramientas de acción social y política, pero concebidas como bienes públicos y no como propiedad privada. Es posible que el péndulo de la política mundial comience a inclinarse de nuevo lentamente a su lado, y poco a poco se inicie la reconstrucción de un nuevo Estado de Bienestar basado en la IA entendida como bien público.

En medio de esta tensión las naciones latinoamericanas somos en buena medida espectadoras. No obstante, aquí también se escenifican luchas en las que, en hora buena, incide mucho lo que pasa en Estados Unidos y en las calles de París.Lo que se espera de los forajidos es egoísmo y desprecio por el derecho. Lo que se espera del Estado es justamente lo contrario.


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