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Columnistas
Un gran presidente en Cúcuta
Croniquilla
Authored by
Martes, 14 de Julio de 2026

Este jueves 9 de julio, el señor presidente electo Abelardo de la Espriella, El Tigre, con parte de su gabinete ministerial de lujo visitó a Cúcuta como punto de partida elegido de sus empalmes regionales. Llamó la atención que ni el gobernador ni los alcaldes le presentaron al doctor De la Espriella ningún clamor contra las tres plagas que atormentan al departamento: la primera, los extensos cultivos de coca y marihuana en la selva del Catatumbo y en las montañas de algunos municipios; la segunda, el dominio de las guerrillas comunistas, de narcotraficantes y de maleantes extranjeros en todo nuestro territorio; y, tercera, la corrupción en los ámbitos oficiales. Si no lamentaron, menos propusieron planes combativos o remediadores. Afrontar tales males no da votos, como no da votos la seguridad.

Pero en planteamiento de obras, algunas suntuarias y otras necesarias, sí fueron elocuentes. Como murmuran por ahí: “los contratos, socio”. (A propósito, le preguntaba a un alumno de una universidad pública  la razón de que las rectorías fueran tan peleadas, y me respondía que por los contratos). Sin embargo, el señor presidente, con su estilo de costeño franco y directo elevó el tono de su voz para anunciar que él mismo estaría vigilando para que cada peso se gastara correctamente y que sería implacable con los depredadores del erario. En ese momento del discurso nadie aplaudió. Ni el gentío que llenaba los corredores y el patio del palacio de la gobernación y gritaba: “¡Tigre!, ¡Tigre!, ¡Tigre!”.

Lo cierto es que tuvimos el honor de que el nuevo mandatario comenzara por el Norte de Santander su construcción de la Patria Milagro.

Confiados en la preparación intelectual del doctor De la Espriella, en su ardentía, en su firmeza, y en su claridad e inteligencia, el Norte será el espejo y el ejemplo para Colombia y para el mundo de lo que es trabajar con honradez y eficiencia.

Sobre la convocatoria a la desobediencia civil de Petro y Cepeda por no aceptar la derrota que les infligió el pueblo y El Tigre no queda sino decir que está a la vista que quieren pescar en río revuelto. ¿Por qué? Porque si forman el zafarrancho piensan que se salvan de que se les descubran los crímenes que han cometido a lo largo de su vida y aún no han purgado.

También, por el camino de armar algarabía en las sesiones de empalme entre el gobierno entrante y el saliente, amarrado a la desobediencia civil, pretenden ocultar el desastre de la administración de Petro, y eludir las consecuencias punitivas que de allí se desprenden. Están al descubierto. No tienen escape.

Ahora, miremos otra alharaca de Gustavo Bolívar, Gustavo Petro e Iván Cepeda. Éstos dan por hecho que Estados Unidos los va a pedir en extradición. Cómo serán sus fechorías que están muy seguros de que les espera la pijama amarilla. No, señores, no se anticipen; los gringos ni siquiera han mencionado que se los van a llevar. Como decimos en Ocaña, “dejen el apatusco”.  Para que ello suceda  falta mucho, es cuestión de complicados y lentos trámites. Tengan paciencia, no se desesperen ni incendien el país, como lo han amenazado. Si hay justicia, simplemente, les tocará. El pueblo no tiene la culpa de que se hayan comportado malvadamente.

Con su desobediencia civil, sus denuncias por el triunfo del Tigre, sus tutelas y demandas, intenten lo que intenten, no nos pueden privar de gozar de un cuatrienio brillante, próspero y en paz, con el más digno y mejor de los presidentes que haya tenido Colombia.  

orlandoclavijotorrado@yahoo.es


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