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Columnistas
Una segunda oportunidad
Es común que los ganadores se embriaguen con el triunfo y pierdan el rumbo de su destino.
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Jueves, 4 de Junio de 2026

Todavía en el fragor de la contienda electoral creo oportuno hacer las siguientes reflexiones:

1. Sea lo primero resaltar la excelencia del sistema electoral colombiano que es uno de los mejores, si no el mejor, entre los países democráticos del orbe. La transparencia y prontitud en la divulgación de los resultados y la confianza que transmite a los electores descarta cualquier duda sobre el desarrollo del proceso electoral.

Como lo ha repetido el Registrador Nacional, la Registraduría se encarga de organizar la logística, pero a partir de la apertura de las urnas son los jurados de votación independientes, con la presencia de testigos electorales en cada mesa, quienes se encargan de recibir y contabilizar los votos que se consignan en actas de público conocimiento.

Y, luego, en los escrutinios oficiales son los jueces de la república quienes certifican los resultados con bases en las correspondientes actas una vez confrontados los datos. Los testigos electorales pueden pedir, en cada instancia, aclaraciones o revisiones.

2. Están escogidos los candidatos que pasaron a segunda vuelta con una votación muy pareja, y empieza una etapa decisiva para que los ciudadanos escojan entre dos opciones al próximo Presidente de la República.

3. El candidato ganador en esta instancia tiene la responsabilidad de actuar con el talante de un Jefe de Estado porque está “ad portas” de poder serlo. Creo que debe superarse la agresiva confrontación verbal y las coléricas acusaciones entre candidatos, que bajan a un segundo plano las propuestas de gobierno para dar solución a los problemas más graves. El vencedor ya no es dueño único de su candidatura, lo son más de 10 millones de electores que lo invistieron para que los representara.

4. Es común que los ganadores se embriaguen con el triunfo y pierdan el rumbo de su destino. Es probable que la vanidad opaque la humildad y les haga equivocar su comportamiento. En la antigua Roma cuando el vencedor de una gran batalla era recibido para rendirle honores, y subido en un lujoso carruaje recorría las calles de la ciudad entre vítores y arcos de triunfo, iba a su lado un paje que le repetía al oído “recuerda que no eres un dios sino un hombre mortal”. 

5. Las actuaciones del actual presidente ya no son sorpresivas, sino que corresponden a su desprecio por la ley. Afirmar que va a ponerse al frente de la campaña política de su candidato, contrariando la obligación de su imparcialidad en el debate electoral, no es solo una irresponsabilidad sino una afrenta a la nación. Y sus mentirosas argumentaciones para seguir diciendo que hubo fraude ya no se las cree nadie. Por tantos dislates, Petro se está enredando en sus propias madejas hasta el punto de que se sugiere su renuncia con lo que se concluye que el terremoto de su derrota ha estremecido hasta la silla presidencial.

ramirezperez2000@yahoo.com.mx


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