Evitar la xenofobia, considerar la migración como fenómeno mundial que no solo afecta a Cúcuta, y que los estados asuman el control de la movilidad humana sin dejar víctimas, es la conclusión parcial de oenegés, autoridades locales y el movimiento misionero scalabriniano, reunido para celebrar sus 37 años en Cúcuta.
La orden religiosa centró su interés en contextualizar, debatir y visualizar la migración, con la llegada de víctimas de desplazamiento forzado y de extranjeros, principalmente venezolanos que buscan beneficios generados por el diferencial cambiario.
Según el sacerdote Francesco Bortignon, director y representante legal de los scalabrinianos, Cúcuta tiene el problema de frontera de otras naciones, pero además es atractiva para los inmigrantes, por su informalidad.
“En la confusión de Cúcuta, hay espacio para la creatividad y la iniciativa individual”, dijo Bortignon. “Generalmente, el migrante es alguien con iniciativas, y aquí encuentra oportunidades”.
Sobre las grandes migraciones mundiales, Cúcuta no tiene de qué preocuparse: “hasta ahora son solo unos pocos”, dijo.
“No debemos proceder a base de emociones como la creencia de que la prostitución es importada de Venezuela. Esas, a veces son distracciones que aprovechan los falsos políticos”, dijo.
Bortignon afirmó que lo que requiere Cúcuta es ayuda del gobierno nacional para ver cómo se pueden conducir ciertos fenómenos que son desafíos para soluciones inteligentes y no de fuerza.
“La migración debe ser tratada como fenómeno constante e inteligente; sabio es el gobierno que estudia la migración oportunamente y orienta en la forma más positiva y más humanitaria”, señaló Bortignon.
Leonir Chiarello, director de Scalabrini International Migración Network, de Nueva York, quien coordina 36 centros de atención al migrante en el mundo, criticó que en el marco jurídico se reconozca el derecho a emigrar pero no a inmigrar.
“Debe haber responsabilidades compartidas. Si un Estado deporta ciudadanos, hay responsabilidad del país que los recibe pero hay responsabilidad también del que los deportó”, concluyó.
Chiarello dijo que lo de Cúcuta tiene semejanzas con las emigraciones masivas en el mundo, por razón de la guerra y problemas económicos. Reveló que en 2014 hubo 49 millones de migrantes en el mundo.
Finalmente Óscar Calderón, del Servicio Jesuita de Refugiados en Norte de Santander, dijo que le preocupan los señalamientos entre Colombia y Venezuela de la exportación de problemas de un lado a otro, olvidando que la frontera padece de problemas comunes que solo pueden ser resueltos con respuestas articuladas entre ambos países.
Cifras de inmigración
Un análisis estadístico de movilidad migratoria atendida en el Centro de Migraciones de Cúcuta a junio de este año reporta la llegada de 1.805 personas desde enero: 1.611 deportados, 81 desplazados 63 migrantes económicos, 24 retornos voluntarios, 21 refugiados, 4 migrantes médicos y un indígena.
