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Cúcuta
Cúcuta está llena de ‘zonas libres’
En varios sectores de la ciudad se hace lo que mejor parezca.
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Domingo, 23 de Agosto de 2015

En mayo pasado, habitantes de El Escobal impidieron que la Policía incautara azúcar de contrabando que un hombre transportaba en su camioneta.

En esa oportunidad, la muchedumbre no solo recuperó la mercancía, sino que obligó a los cuatro policías que viajaban en una patrulla a liberar al contrabandista que habían detenido.

Cuatro meses antes, en enero, en La Parada (Villa del Rosario), corrió la voz de que este año, nada que entre o salga de las bodegas de este caserío, se movería —y se mueve— sin  pagar flete, especie de vacuna obligatoria.

A mototaxistas, transportadores informales y comerciantes se les revalidó una cuota mensual para sostener ‘La Empresa’ (Los Rastrojos o Los Urabeños, no está claro todavía).

Mientras esto ocurre, en límites con la frontera con Venezuela, en el extremo sur, sector conocido como La Tomatera, en límites de Cuberos Niño y Alfonso López, el paso de particulares no se puede hacer sin estar invitado por alguien que sea residente en esa loma.

Las noches son tan oscuras y  concurridas en La Tomatera... Se rumora que desde allí se mueve un alto volumen del microtráfico local de drogas.

Cuando la Policía va, no lo hace con menos de 300 agentes. La última vez que se produjo una toma al sector fue en busca de sustancias sicoactivas.

A escasos 20 minutos en carro se llega a La Merced, en la Comuna Cinco. Allí, los comerciantes formales, dueños de almacenes de repuestos, mecánicos de carros y motos, y de una docena de negocios que incluyen bares, tiendas y hoteles, tienen convertidas las nueve manzanas del barrio en el taller de mecánica más grande del país. Todo se hace en el espacio público, con los vecinos atrincherados en sus casas.

En La Merced todos hacen lo que mejor les parece con el espacio público.

Igual sucede en el parque Ceiba, que colinda con el Canal Bogotá. Allí, de un tiempo para acá los pimpineros desterraron a los niños e instalaron sus ventas de gasolina. El lugar es una bomba de tiempo; allí, nadie que no sea pimpinero puede hacer uso del parque.

Cerro Norte y Los Alpes parte alta, donde el transporte público no ingresa, porque los choferes temen ser asaltados, hacen parte de una tendencia de rebeldía hacia la ley que se percibe en algunas zonas y que ha ido tomando fuerza en el área metropolitana.

Son una especie de repúblicas independientes donde impera la ley del más fuerte. Quien quiera hacer lo no permitido “o se va o afronta las consecuencias”, según un comerciante de La Parada que pidió guardar su identidad.

Y aunque las autoridades niegan que haya sectores así, admiten que hay zonas en el área metropolitana donde se necesita un trabajo conjunto Policía-Alcaldía-gremios-comunidad.

Se refieren a poblaciones concretas como los pimpineros o El Escobal y La Parada, donde el motor económico es el contrabando de doble vía.

Los líderes comunales dicen estar atados de manos y pies para actuar, por temor a sufrir represalias.

El fenómeno de esas repúblicas independientes en el área metropolitana seguirá hasta cuando la autoridad  lo permita. Y, según los líderes comunitarios, hasta ahora, la autoridad está quieta.

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