A pesar de la difícil situación que se vive hoy en Cúcuta y el área metropolitana, sus habitantes se han resistido a dejar atrás una de las tradiciones propias de estas festividades navideñas: la quema de los años viejos.
Y aunque esta simbólica manera de expresar el fin de todo lo malo que sucedió en el año y el descontento por aquello que no se consiguió, ha ido perdiendo adeptos, en parte por la prohibición del uso de la pólvora, como una forma de preservar la tradición y evitar el peligro, en algunas ciudades han optado por la elaboración de muñecos más pequeños y con materiales de fácil e inofensiva combustión.
Como es sabido, la incineración de los monigotes siempre está atada a una protesta y por eso en esta oportunidad, los cucuteños y nortesantandereanos decidieron representarla con personajes concretos como políticos, presidentes, guerrilleros y corruptos. Algunos optaron por burlarse de sus propios defectos.