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Cúcuta
Estudiantes visitan la cárcel
Se trata de una propuesta para dar a entender a los jóvenes que se debe ir por la vía del "bien".
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Domingo, 18 de Octubre de 2015

Rafael, Diego, Liney y Angie, estudiantes del colegio Comfaoriente, se imaginan el complejo penitenciario y carcelario de Cúcuta como un sitio dividido por celdas donde encierra a la gente que es un peligro para la sociedad.

Dice José David Rojas, otro estudiante, que nunca ha entrado a un centro de reclusión, pero que se lo imagina como un sitio grande, custodiado por guardias y muy peligroso.

“Digamos que en un sector tienen gimnasio y se ejercitan, también hay otro lugar para tomar el sol; otra sección donde duermen y otra donde se alimentan”, señala.

Liney Gómez, del grado undécimo, considera que es un lugar oscuro al cual llega la gente que debe estar aislada de la sociedad porque cometió errores graves como robar, matar o extorsionar.

Según el dragoneante Oscar Andrés Arenas, perteneciente al grupo de apoyo canino del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec), lo dicho por los jóvenes encuestados en los colegios es solo una mínima parte de lo que realmente es una cárcel.

Es la mera concepción. Los muchachos a veces creen que las cárceles son para tipos rudos, creen que es lo que ven en la televisión, pero no se imaginan el infierno que puede ser estar allí en una cárcel.

Arenas dice que la mayoría de los chicos de los colegios que ha visitado, a través del proyecto del Inpec ‘Delinquir no paga’, que hace conocer la cárcel a los estudiantes, desconocen que en una prisión hay hacinamiento, escasean los servicios públicos y se duerme en la medida de que haya un mínimo de seguridad. O sea que solo cuando se siente seguros cierran sus ojos.

“Iniciamos un programa de prevención y sensibilización al delito que consiste en llevar a los jóvenes de los colegios a la cárcel; con esto queremos dar a entender a los estudiantes, a los jóvenes de Cúcuta, que debemos ir por la vía del bien”, dijo.

Entre los objetivos, el Inpec espera poder disminuir el hacinamiento en las cárceles, pues aseguran que  por cada persona que sale, pueden entrar tres, lo cual empeora la atención humanitaria por el desbordado número de presos o sindicados.

De la actividad que empezó a hacerse desde el año pasado en los colegios, el resultado ha sido exitoso pues los chicos suelen conmoverse mucho.

“Cuando los muchachos van a la cárcel se les muestra todo el procedimiento, tal y como llega un interno.

Primero se les muestra el hacinamiento, luego les mostramos la zona del sector de la UTE (Unidad de Tratamiento Especial)   que son celdas donde conviven los internos más peligrosos”, dijo.

Según Arenas, durante la visita los jóvenes reciben una terapia de choque, realizada por los internos facilitadores del programa, quienes cuentan sus historias de vida a los muchachos de cómo llegaron a la cárcel.

“Ellos son el espejo de los errores que no pueden cometer nuestros jóvenes cuando salgan del colegio. Son el ejemplo porque perdieron su familia, el dinero y la libertad, que es el bien más preciado”, dijo.

Desde septiembre de 2014 hasta lo que va corrido del año 1.215 jóvenes han visitado la cárcel de Cúcuta.

Angie Sanabria, una de las estudiantes que ya vivió la experiencia de ir a una penitenciaria, indicó que pudo ver con sus propios ojos el infierno en el que viven miles de presos.

Cuenta que la experiencia fue enriquecedora porque tuvo la experiencia de conocer a un interno que se sentía arrepentido quien le explicó que significaba ver la lu del día cada 12 horas.

“Es muy triste lo que vi allá en esa cárcel y él nos abrió los ojos de qué era vivir esa mala experiencia”, indicó la estudiante.  

En conversación con La Opinión el director del complejo penitenciario de Cúcuta, el coronel Germán Ricaurte, asegura que uno de los problemas que tienen los internos tiene que ver con el acceso a los servicios de salud, cuya responsabilidad es de la EPS Caprecom.

Actualmente el Inpec trabaja en la resocialización del 90 por ciento de los  internos; a mitad de año 1.042 eran alumnos en educación informal, 48 en educación superior con la Universidad Francisco de Paula Santander (UFPS) y otros 800 estudiantes cursaban primaria y bachillerato en el colegio Francisco de Paula Santander, de la misma cárcel. 

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