Pese a que las autoridades tienen en marcha campañas para frenar la explotación laboral de niños en Cúcuta y su área metropolitana, los adultos no desisten de involucrarlos en actividades distintas al estudio y el juego.
El fenómeno se evidencia en mayor proporción en la zona urbana, en especial en actividades que se concentran en la venta de combustible y en la central de abastos de Cúcuta.
En el reciente foro ‘Factores condicionantes de trabajo infantil en el contexto familiar y social’, la Corporación de Profesionales para el Desarrollo Integral Comunitario (Corprodinco), el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf), la Fundación Telefónica, Universidad del Rosario y la alcaldía de Cúcuta hicieron una radiografía del fenómeno y dieron a conocer avances del trabajo que se lleva a cabo para frenar la explotación laboral infantil.
En el 2014, de los 4.252 niños víctimas de esta problemática en Norte de Santander, 1.064 fueron identificados en Cúcuta y su área metropolitana.
En un estudio que adelantó la universidad del Rosario se concluyó que en las familias que viven en la ciudad se presenta más esta problemática.
Según Luisa Fernanda Ramírez, docente investigadora, en la zona urbana hay más necesidades que en el campo, porque en esta última si no hay dinero, la familia puede tener una mata de mandarina y comer mandarinas, pero en la ciudad esto no se da”, explicó.
También dijo que en los núcleos familiares en los que falta uno de los padres, el niño se siente responsable de responder por los demás miembros, y por eso prefiere abandonar sus estudios y dedicarse a trabajar.
Por su parte, Solange Suescún, inspectora de trabajo y seguridad social del Ministerio de Trabajo, expuso que la edad mínima de un joven para que una empresa lo pueda contratar es de 15 años.
Las entidades deben solicitar un permiso al Ministerio de Trabajo en el que también se comprometen a pagar todo lo estipulado por la ley, incluido el sueldo, que debe ser por lo menos un salario mínimo legal mensual vigente.
