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Cúcuta
La fundación Hogar alimenta a los menos favorecidos
Las tres voluntarias que están en la cocina reparten entre 120 y 150 platos de comida, entre desayunos, almuerzos y cenas.
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Jueves, 5 de Noviembre de 2015

Son las 9 a.m. y el espacio frente a la  Fundación Hogar en la avenida 3 está atestado. Unas 30 personas aguardan desde las rejas su primera comida del día.

Todos se conocen y respetan el puesto en la fila, mientras bromean sobre con qué alimento los sorprenderán las hermanas esta mañana.

“Ojalá nos dieran huevos revueltos, que hace rato que no los pruebo”, dice Humberto Avellaneda, 60 años, mientras se acomoda en el piso.

Avellaneda es uno de los tantos habitantes de la calle que frecuentan la fundación a las 9 a.m., el mediodía, y las 6 p.m. en busca de comida.   

Ayer, llegó como de costumbre, con su esposa y su cajón de embolar. Se sentó en el lugar acostumbrado y quedó admirado de la cantidad de nuevos comensales que cada día empiezan a llegar.

“Acá está llegando mucha gente nueva en busca de comida, esas caras de allá son nuevas”, dice Avellaneda.

A un costado de la entrada de la fundación siguen en fila jóvenes y adultos mayores, en su mayoría indigentes, que llegan con varios cartones o colchonetas al hombro para recostarse durante la espera.

Aunque una de las reglas que la fundación exige para darles  desayuno, almuerzo y comida, es que no consuman drogas ni alcohol  frente a sus instalaciones, uno de los comensales más jóvenes  camufló un frasco de pegante sintético y se sienta en la esquina a esperar el desayuno mientras inhala la botella.

Luego de 15 minutos de espera, Inés, una de las voluntarias de la Fundación Hogar, sale con una bandeja a repartir el desayuno.

Una arepa y una bolsa de mazamorra fue el menú del día. La entregan en bolsas, porque el presupuesto no les alcanza para comprar platos y vasos.

Uno a uno, los esporádicos comensales toman su comida y salen de inmediato a retornar a su vida en la calle.

“Esto que hacen acá es muy bueno, porque nos ayuda a no pasar un día sin comer”, dijo Iván Romero, 27 años. 

Aunque ni Romero ni sus compañeros de la calle se quejan por los alimentos que les dan en la fundación, añoran probar nuevamente un trozo de pollo o uno de carne.

Los mercados que dona la gente a la fundación, y con los que se sostienen para llenar las ollas a diario, carecen de carnes y productos no perecederos, por lo que las voluntarias se las ingenian para preparar lo que pueden con lo que tienen en la alacena.

A las 9:20, el lugar vuelve a quedar vacío. Uno que otro pide a las voluntarias que le den una ración más para llevársela a un compañero que quedó en el canal o el parque lineal. Sin embargo, las reglas son claras: come el que va hasta la fundación.

Labor de pasión y vocación

Desde hace 10 años un grupo de voluntarios cucuteños se dio a la tarea de crear un comedor para las personas menos favorecidas.

Indigentes y personas en extrema pobreza fueron sus primeros comensales. Años después, el comedor se transformó en la Fundación Hogar y el número de beneficiarios se triplicó.

Al día, las tres voluntarias que están en la cocina reparten entre 120 y 150 platos de comida, entre desayunos, almuerzos y cenas.

Hombres y mujeres, sin importar, edad, raza, o creencias, reciben su plato de comida cada día.

Con donaciones particulares y la ayuda de los redentoristas la fundación ha podido seguir en pie, pese a las múltiples necesidades por falta de recursos propios.

Pagando los recibos por abonos cada mes y tratando de estirar el mercado, la fundación busca gente de buen corazón que les ayude a perpetuar su misión. La fe es la base de su obra.

Quienes deseen donar mercados, útiles de aseo o ropa usada, pueden acercarse de lunes a domingo a la sede ubicada frente a la Universidad de pamplona.

*Redacción La Opinión

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