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Cúcuta
Lamya Paz: música sin edad
Los participantes en el proyecto acuden gratuitamente a las clases. Este espacio se ha convertido en su mejor pasatiempo.
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Martes, 6 de Octubre de 2015

Aprender a cantar era un sueño que Dioselina Quintero había aplazado 70 años. Desde niña soñó con estar en una tarima y complacer a su público. A sus 75 años está a punto de cumplirlo.

Con ansias la mujer espera poder terminar su curso de guitarra y canto para cantar en su iglesia, y porqué no, amenizar un evento comunal.

“Siempre me ha gustado la música, y aunque cantaba mientras cocinaba, no conocía nada de técnicas vocales ni de entonación”, dice Quintero.

En un aviso parroquial se enteró del proyecto Lamya Paz (Laboratorio de Música y Artes por la Paz), que desarrolla la Corporación Cambio Inc. en Toledo Plata, y se integró al grupo.

Bajo la tutoria del profesor Freddy Villamizar, Quintero y otras 50 personas más aprenden música gratis en el antiguo colegio de Las Monjas en la comuna 6.

El proyecto, dirigido por Villamizar, nació como una respuesta a la difícil situación de orden público y familiar que el docente detectó en este sector.

“Este barrio ha sido señalado como zona roja, y según la Policía es el sector con mayor índice de violencia intrafamiliar, por lo que nos enfocamos en esta población”, asegura Villamizar.

A través de la música, y ahora el teatro, Villamizar y el resto de voluntarios de la corporación, pretende mostrarle una nueva opción de vida a sus alumnos.

“Hemos tenido alumnos con trastornos alimenticios, problemas familiares, y hasta algunos que se autoflagelan. Acá les brindamos un espacio de desahogo a través del arte”, dice el docente de educación artística.

Mayerly (*), 14 años, es una alumnas muy inquieta. Sueña con ser cantante y aunque tiene linda voz, nunca había recibido un empujón para seguir con su sueño.

Mientras habla de su experiencia en Lamya, dice que gracias a la música ha dejado de lastimarse. En su brazo resaltan las cicatrices de las cortaduras que se hace con hojillas y vidrios cada vez que se siente mal.

“En mi colegio las demás niñas también lo hacen, pero desde que estoy acá no he sentido la necesidad de hacerlo”, confiesa y agacha la mirada. Ese es un capítulo que trata de cerrar en el laboratorio de música.

Casos como el de Mayerly, hacen que Villamizar se comprometa día a día por seguir con esta labor social, pese a que no recibe ayuda gubernamental alguna.

Diego, 17 años es otro de los aprendices. Como tenía algunos conocimientos musicales, les enseña a sus compañeros a tocar la guitarra.

Ver como Quintero se esfuerza por aprender a tocar este instrumento, y como doña Rosa, 65 años, aprendió a tocar sus primeras notas musicales, lo impulsan a seguir con sus sueños musicales.

“Acá compartimos con personas de todas las edades y esa es la motivación más grande, pues nos enseñan que nunca es tarde para aprender”, explica.

* Nombre supuesto.

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