Los árboles de Cúcuta se caen a pedazos y mueren lentamente ante la mirada indiferente de las autoridades responsables de velar por ellos.
El canal Bogotá en toda su extensión, la avenida Gran Colombia, la Diagonal Santander, parques y barrios periféricos son téstigos mudos de la deblacle y el olvido en que se encuentran, muchos de ellos de las especies nativas de la región, como oitíes, guayacanes, urapanes y pomarrosos, entre otros.
Los que no están enfermos están a punto del desplome y amenazan con causar daño a los transeúntes.