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Cúcuta
Pedro Villamizar, el maestro de los discapacitados
Tiene 67 años y casi toda su vida ha enseñado música a invidentes, ciegos y sordos.
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Miércoles, 22 de Febrero de 2017

Pedro Villamizar es especialista en llevar a las personas más allá de sus límites. Tiene 67 años, y casi toda su vida ha enseñado música. Los discapacitados son sus alumnos favoritos.

Él no conoce los imposibles. Desde los 4 años supo que la música y él eran uno solo, y desde entonces trabaja por eso.

No le fue fácil luchar contra la negativa de sus padres, que no aceptaban que se dedicara a la música. Esto lo llevó a intentar suicidarse, de lo cual  no se siente orgulloso. Pero fue la única manera de que sus padres entendieran cuál era su vocación.

A los 15 años aprendió a tocar piano en el conservatorio de Cúcuta. Recuerda que tuvo excelentes maestras, entre ellas Carmen Soto Ramírez, hija de Elías M: Soto, compositor de ‘Las brisas del Pamplonita’, y Ana Francisca Meza.

Estudio 8 años piano, pero su finalidad nunca fue ser pianista. Intentó con otros instrumentos: guitarra, tiple, bandola, cuatro, organeta, y  flauta dulce, y decidió que no podía quedarse con lo que sabía. Su vocación estaba en la enseñanza y a esto se dedicó.

Empezó hace 14 años en el Inci (Instituto Nacional para Ciegos), a donde llegó porque le ofrecieron dar clases a personas discapacitadas. Sin pensarlo aceptó lo que se convirtió en el mayor reto de su vida.

Desde el primer entendió que las limitaciones están en la mente. Desde entonces, a diario se empeña por demostrarles a sus alumnos discapacitados que pueden desenvolverse en cualquier campo, empezando por el musical. Ver los avances de sus estudiantes es su mejor paga. Confiesa que no tiene corazón para cobrarles.

Trabaja con las uñas y lo logrado con ellos ha sido a punta de sacrificios. Inició usando balones para formar la parte rítmica. Para subsistir combina su labor de maestro con la de técnico de electrodomésticos.

Lo más importante para él es demostrarle a la sociedad que todo en la vida  se puede, cuando se quiere. No presume de sus logros: la modestia se lo impide.

Hace un par de años, cuando  el Inci cerró la sede de Cúcuta, pensó que había terminado su labor. “Se había ido el director. Los chicos y yo nos habíamos quedado sin espacio para ensayar y me dolía que el trabajo realizado se perdiera”, agregó.

Pero siempre hay ángeles dispuestos a ayudar. Así define Villamizar a la escuela Mudarte y a su directora, que le abrió desinteresadamente las puertas de su casa.

Desde entonces, ensaya con sus estudiantes en ese lugar. Allí terminó de organizar un grupo musical al que bautizó Vida y Armonía, en honor al primer grupo musical que tuvo en el Inci.

Ensaya con la misma dedicación del primer día. Al grupo, eventualmente lo contratan para presentaciones locales. Entonces,  se dividen el pago entre todos. A él no le importa si el dinero no alcanza para él: su prioridad son sus músicos.

Le quedan sueños por cumplir, dice sonriendo. El mayor: tener una orquesta de sordos...

Angélica Gutiérrez | Practicante de periodismo

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