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Cúcuta
Pobreza extrema rodea el sector del Terminal de Transportes
Esta semana una mujer perdió la vida, tras cuatro días deambulando por el sector y sin nada qué comer.
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Miércoles, 22 de Febrero de 2017

Después de terminar el último escobazo, Jose Luis Rodríguez Peláez, de 50 años, espera pensativo en un andén su propina para buscar algo de comer. Por la calle pasa un tintero y se detiene para darle un sorbo de café. Quizás lo único que llevará en el estómago hasta recibir el pago por dejar limpia la esquina de la calle 2 con avenida 7, en inmediaciones del Terminal.

Jose Luis es venezolano y lleva en Cúcuta seis años. Sus manos portan los callos del esfuerzo que a diario hace para ganarse un bocado. Vive donde le den posada. Los últimos días se ha quedado en la casa de una amiga en Sevilla y se la pasa a diario en la zona del Terminal.

Por el mismo andén donde se encuentra Jose Luis, a pocos metros de la entrada de la central de transportes, camina un joven de corta edad que lleva en su mano un trozo de pan. Lo come como si disfrutara un manjar. De repente, un carro se detiene en la vía para darle una bolsa, era más comida. “Sin pensarlo le reventó el almuerzo”, dice Jose Luis desde la grada donde se sentó cuando vio lo que le daban al muchacho. “Yo todavía esperando”, expresa.

Al cruzar la calle ya no son Jose Luis y el joven los preocupados por comer. Al rebusque también salió Sergio Parada acompañado de sus dos pequeñas hijas, quienes empujan su silla de ruedas mientras él ofrece rifas. Va recibiendo una que otra limosna. Sergio tuvo un cambio de vida cuando perdió la movilidad de sus piernas en un accidente. Arreglando la buseta que le daba de comer, esta le cayó encima. Cuenta que el gato que la sostenía se dañó. Ahora nadie lo contrata.

José Luis barre las calles para almorzar y tener propinas.

Abuelos trabajando

Mientras ellos escudriñan en la calle cómo sobrevivir; adentro, en el Terminal, otros cuantos también van tras un sustento.

Contrario a tener una vejez tranquila, don Gustavo Varón, a sus 83 años, busca a diario en los paraderos el cliente apropiado para vender sus afiches. Debe comer y llevar algo a la casa, donde cada noche lo espera su familia.

Y como don Gustavo, otra anciana de 73 años, doña María Ángela Sánchez vende en una canasta dulces y galletas. Intenta ganarse lo de comprar la sopa. “Tuve ocho hijos, pero parece que no existieran. Ahora me toca vender lo que me regalan para ganar algo. Vivo sola en un ranchito sin agua ni luz, en la invasión Maria Teresa, en Belén”.

Otro personaje, apreciado y conocido por conductores y vendedores del terminal, es Henry Carrillo, de 55 años, quien perdió la vista luego de aplicarse gotas para callos. Confundió el frasco, eso hace ya cuatro años.

“Yo despachaba vehículos para Venezuela, pero ahora vivo de lo que me quieran dar mis amigos. Tengo dos hijos, pero no tienen cómo ayudarme”, dice, mientras se acomoda con su bastón en una grada dentro del paradero.

¿Qué pasa?

Así son los días de muchas personas que viven en extrema pobreza e indigencia y que coinciden encontrándose en el Terminal, donde esta semana una mujer perdió la vida, tras cuatro días deambulando por el sector y sin nada qué comer.

Sin duda, una demostración más de la inexistencia de políticas eficaces para acabar con el hambre en la ciudad. El gerente del Terminal de Transportes, Óscar Enrique Sandoval, dijo que a diario más de 15 personas llegan a su oficina a pedir ayuda. Muchas otras no lo hacen. Muchas otras, sencillamente se acuestan sin comer.

Paola Tarazona | Q'hubo Cúcuta

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