La tarea que emprendió la alcaldía el mes pasado, cuando se propuso embellecer al menos 40 parques en mal estado, empezó a tomar forma con la recuperación de dos espacios olvidados: los parques Lineal y Pescadero.
El primero, en pleno centro, estaba convertido en botadero de basura y sitio de encuentro y juerga de los habitantes de la calle.
Era tal el abandono que los vecinos, en denuncias ante La Opinión, dijeron que entre la maleza algunas personas tenían sexo.
Los encargados de recuperar y embellecer este parque fueron la policía de Carabineros y la empresa de Aseo Urbano, cuyos operarios recogieron más de cuatro toneladas de basura que estaba esparcida en todo el sector.
A la actividad se unieron comerciantes y vecinos del barrio Latino, quienes escoba en mano ayudaron a despejar las basuras.
También se aprovechó para podar árboles y zonas verdes, y erradicar la maleza de los pasillos.
La idea es que la comunidad vigile el parque y denuncie cuando observe actos ilícitos, dijo el comandante de Policía, coronel Jaime Barrera.
También El Pescadero
También recibió tratamiento especial el parque Pescadero, que convertido en bodega de material de reciclaje, contribuía a contaminar el espacio e impedía que la comunidad lo disfrutara.
Dentro del plan de choque ‘Comunidades seguras y en paz’, personal del cuadrante del Primer Distrito de Policía y unidades de reacción se encargaron de poner fin al desorden que imperaba en el parque, también llamado Las Piedras (avenida sexta con calle 2N, barrio Pescadero), que era un dolor de cabeza para transeúntes y vecinos.
El problema allí eran los arrumes de cartón y de chatarra almacenados por habitantes de la calle, y la inseguridad generada por ellos.
“Nos preocupaba que no se podía ir al parque por temor a ser atracados o heridos en cualquier gresca que se formaba por extraños que llegaban al parque”, dijo Juan Díaz, vecino de Pescadero.
Allí se recogieron más de tres toneladas de basura.
En la mira
Dos parques que siguen en turno para su recuperación son el de Ceiba, contiguo al Canal Bogotá, y el del barrio El Salado.
El primero está convertido en estación de servicio de los pimpineros (vendedores de gasolina ilegal), y el segundo, en una piscina, por no contar con sistema de drenaje de aguas lluvias.
Los vecinos de ambos espacios esperan que la alcaldía se decida de una vez por todas a devolverles estos parques a la comunidad para su sano disfrute y recreación.
Llamado urgente
Los vecinos del parque Amelia hicieron un fuerte llamado de atención a la alcaldía, las empresas de aseo y la Policía para que se impida que el espacio se convierta en un mercado persa de ventas callejeras y fritangas de alimentos al aire libre.
El lugar fue recuperado por el hotel Tonchalá, en el marco del Plan Padrino de Parques; sin embargo, le corresponde a la Policía y a la alcaldía velar por la seguridad del sector.
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