Aunque las quejas por las filas en los andenes propiciadas por casas de cambio en Cúcuta son constantes, no se logra eco en los empresarios, que decepcionan por su falta de compromiso con la ciudad, y su ambición por el negocio les impide poner fin al desorden.
Eso sí, tampoco ayuda la laxitud de la Alcaldía, demorada en sancionar.