Son las 10 de la mañana y Jonathan, 10 años, sale a jugar. No usa camiseta ni pantuflas y a viva voz empieza a llamar a sus amigos para jugar canicas.
“Vengan, que ya tengo limpia la cancha”, dice en medio de risas, mientras se acomoda para esperar a sus contrincantes.
A diferencia de su hermano Yeison, que llega con un pote lleno de canicas listo para apostar, Jonathan solo saca una para jugar. Asegura que con esa le basta para conseguir diez nuevas.
“Yo tengo unas 40 canicas arriba en el apartamento, pero no las bajo porque cuando gano, de la emoción empiezo a tirarlas al aire para que los demás se las lleven”, confiesa en medio de risas.
Uno a uno sus amigos de las torres de Cormoranes van desfilando por las escaleras con tarros repletos de coloridas canicas.
“Hoy jugamos canicas todo el día, y mañana fútbol. Ayer jugamos un rato baloncesto y en la tarde nos gusta jugar al escondite”, explica Deiner, mientras cuenta con los dedos de la mano cuantos días les quedan de vacaciones. Las jornadas completas de juego se acabarán el 6 de julio.
Al otro extremo de la ciudadela Juan Atalaya, en San Fernando del Rodeo, unos 200 niños se alistan para jugar fútbol.
Sus vacaciones tienen cronograma propio desde que la Corporación Vida y Progreso llegó al barrio con una propuesta recreativa, artística y deportiva.
Una de esas estrategias permitió que el exjugador del Cúcuta Deportivo Marcelo Refresquini llegara a trabajar en la formación deportiva de los niños.
“Estás vacaciones han sido muy buenas. Jugamos fútbol, aprendimos de un jugador profesional, y nos regalaron uniformes de nuestros equipos favoritos”, dijo emocionado Samuel, 9 años.
En El Paraíso, otro grupo de niños disfruta de sus vacaciones con un balón de fútbol. Descalzos, en una cancha de tierra y con unas rústicas porterías, cantan goles todo el día.
En Juana Rangel de Cuéllar los juegos biosaludables se convierten en la sensación del día. Natalia, Daniela, y Marcela,se mecen en los aparatos a la espera de sus amigas para saltar la cuerda.
Unos metros más arriba de las canchas de San Fernando del Rodeo, dos pequeños de 3 y 4 años se divierten jugando con sus carros de juguete. Con carbón, su hermano mayor, 12 años, les dibujó una carretera y los pequeños siguen la ruta imitando con su boca los sonidos de tratomulas y buses.
Estas son solo algunas de las formas en las que los niños de las comunas 7 y 8 disfrutan su tiempo libre, lejos de los videojuegos y los aparatos tecnológicos del resto de los niños cucuteños..
