A los 31 años, Antonio Caballero volvía de España a vincularse a la revista Alternativa. A esa misma edad, Escobar, el personaje de su novela ‘Sin remedio’, se maravillaba porque a los treinta y un años Rimbaud estaba muerto.
En ese país ibérico, al igual que en Francia, el columnista había vivido “rodeado de periodistas grandiosos, ingeniosos, gigantescos. Pasaba las horas leyéndolos. Viví en ciudades cultas que le aportarían a cualquiera”.
Caballero tiene trayectoria como escritor, periodista y humorista de más de 50 años. Además, es integrante de una familia destacada: hijo del escritor Eduardo Caballero Calderón (El Cristo de espaldas), hermano del pintor Luis Caballero, tataranieto del poeta José Eusebio Caro...
¿Su padre asumió su formación en Tipacoque. ¿Qué recuerda de esas enseñanzas?
Fue muy poco tiempo. Tal vez menos de un año. Y no fue una educación integral, como la que le brindaba Simón Rodríguez al Libertador Simón Bolívar. Él me enseñaba historia, aritmética y geografía, como para que no me atrasara en el estudio.
Su ficción comprende ‘Sin remedio’, una novela bien recibida por los lectores ¿Sigue escribiendo relatos de ficción?
Solo he escrito esa novela, que es sobre la dificultad de escribir poesía. La ficción solo tiene la función de decir de otra manera lo que no se puede decir directamente.
¿En Alternativa se reprimió su estilo, porque los textos eran sometidos a la revisión del consejo de redacción?
No sé quienes escriben esas notas, que mantienen llenas de imprecisiones y errores. A todos los periodistas los lee algún otro: el editor o el director. Además, en Alternativa, los textos iban sin firma.
Si no me leen las columnas es porque soy periodista externo y respondo por los artículos. En ningún periódico revisan lo que escriben los columnistas externos.
A la gente, en general, le gustan sus columnas. ¿Celebra que no le cargue agua a nadie y sea directo?
Les digo que me lean más para que se den cuenta de que hay muchas cosas que me gustan. En columnas hablo a favor de cientos de cosas: de poetas, de ciudades, de paisajes... Incluso me he atrevido a defender asuntos que son objeto de discordia, como las corridas de toros.
Por ejemplo, hay cosas que me gustan del presidente Santos, como su tentativa de hacer la paz con la guerrilla de las Farc; otras que no me gustan y le hacen daño al país. Lo que me repugna es la política colombiana. Y no es que yo parta de antemano en contra de las cosas.
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