Son varios los ingredientes que han hecho destacar a Juego de niños, la segunda novela del escritor y catedrático colombiano Guido Tamayo.
Esta novela corta es un homenaje a una ciudad como Bogotá. Con un mundo infantil que va de lo tierno a lo crudamente espontáneo, pero que no deja de ser real, palpable, entre personajes entrañables, con elementos claves como el diccionario y los crucigramas.
Eterno ejercicio de la memoria
¿Cómo fue el ejercicio de la memoria a la hora de escribir esta novela?
Escribo mis libros cuando no puedo hacer nada para dejar de escribirlos. Es decir, cuando se me imponen. Los recuerdos son terriblemente caprichosos y aparecen y desaparecen sin pedirle permiso a su supuesto dueño. La memoria de mi infancia tal vez se pueda concentrar en la imagen festiva y valiente de Lucho y en la desolada y desvalida de Fernando, sus personajes centrales. La luz y la sombra.
¿Qué es lo más difícil de acercarse a esos recuerdos?
Lo más difícil es ser sincero con la memoria, con lo que queda de ella. La idea es enfrentarse con unos recuerdos felices y entusiastas, pero también con otros dolorosos y difíciles de aprender. Esa confrontación debe ser abierta, desnuda, si uno desea en realidad atrapar la verdad de ese momento remoto pero definitivo que es la infancia.
¿Cómo aparecieron personajes como Fernando y Miguel y su construcción misma desde la literatura?
Son personas de la vida real que se convirtieron en personajes, o sea, en criaturas modificadas por la imaginación y la necesidad narrativa. Son dos matices de la vida: el uno, Fernando, incapacitado y solitario; el otro, Miguel, inquieto, pero quieto, es decir, un niño que prefiere más observar que actuar.
Su segunda novela y en ambos casos el formato es breve ¿Algún motivo en particular?
Siento que lo que tengo que decir lo puedo hacer con pocas palabras. Me gusta exigirme para reemplazar cien palabras por veinte o diez. En ese ajuste me juego una forma de narrar. Solo deseo hablar de algunas pocas cosas, no de muchas y hacerlo brevemente, intensamente poéticamente. Es muy difícil, pero en eso radica su encanto.
*Colprensa
