Acompañado por su padre como productor, chofer y, sobre todo, cómplice de vida, Emanuel ‘Manu’ Gutiérrez llegó al Mundial de Fútbol 2026 dispuesto a cumplir un sueño que por años parecía lejano. Él quería estar al borde de la cancha y contar, desde el lugar de los hechos, las historias del deporte que ama.
Su silla de ruedas nunca fue impedimento para lanzarse a la aventura. Llegaba hasta cuatro horas antes de cada partido, permanecía hasta el final y, entre multitudes, estadios y zonas mixtas, encontró la manera de hacerse escuchar.
La cobertura fue también una prueba de perseverancia y resiliencia. Manu tuvo que enfrentarse a sus propios miedos, a las inseguridades y a las puertas que se cerraron por prejuicios relacionados con su condición física. Siguió insistiendo. Y ese esfuerzo terminó llevándolo a hacer las entrevistas que había soñado con Lionel Messi, Enzo Fernández, James Rodríguez, Jude Bellingham y otros protagonistas del fútbol mundial.
Sonriente, dulce y sencillo, Manu habla del fútbol con la misma ilusión de aquel niño de cinco años que madrugaba junto a su padre para ver el Mundial de Corea-Japón 2002.
Detrás del periodista que hoy persigue a las grandes figuras hay un joven que lleva a Punto Fijo (Venezuela), su tierra natal, en el corazón y que nunca ha dejado de sentirse unido a ella. Entre la pasión por el fútbol, el amor por su familia y una fe inquebrantable, Manu convirtió las dificultades en impulso y demostró que los sueños, cuando se persiguen con perseverancia, pueden terminar encontrando su lugar en la cancha.
Su vida ha estado marcada por la lucha constante, desde el mismo día de su nacimiento, el 1 de abril de 1996.
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“Venía perfectamente bien, pero hubo una negligencia médica al momento de mi nacimiento, lo que me causó una hipoxia cerebral, o sea, le faltó oxígeno a mi cerebro. Lo que perjudicó únicamente la parte motriz, la parte de mi movilidad, la parte de mi equilibrio, de mi balance, de mi fuerza en, en las piernas, los brazos, y por eso es que no camino”, cuenta.
Manu madrugaba de niño por el fútbol
“Mi papá es un fanático empedernido del fútbol y él me inculcó esa pasión, durante el Mundial me fue relevando sus jugadores favoritos y fue amor a primera vista. Yo tenía apenas 5 años y mis primeros recuerdos de acercamiento con este hermoso deporte”, afirma Manu.
En la madrugada, mientras se preparaba para ir al preescolar, comenzó a mirar con su padre el Mundial de Corea-Japón 2002. Los partidos, transmitidos desde Asia, comenzaban cuando buena parte de los niños todavía dormía.
Desde entonces, mientras sus compañeros hablaban de caricaturas y juguetes, él prefería conversar sobre jugadores y partidos. A los 10 años, Manu comprendió que, aunque no podía practicarlo como hubiese querido, existía otra forma de estar cerca de la cancha. “Yo dije: no lo puedo practicar, no puedo tocar la pelota como me gustaría, pero puedo contar lo que pasa”, relata.
Así comenzó a imaginarse y a verse como periodista, un oficio que no solamente significaba un trabajo, sino que para él era la posibilidad de convertir su pasión en una forma de vida.
Las puertas que no se abrieron
El camino de esa pasión, sin embargo, no fue nada fácil y mucho menos sencillo. La cruzada de su vida, que desde niño ha librado con la parálisis motriz, y después con el proceso de migración de Venezuela a Estados Unidos ha hecho que Manu haya atravesado etapas marcadas por la incertidumbre.
En Estados Unidos terminó trabajando como cajero en un cine, en jornadas extensas que podían llegar hasta pasada la medianoche, mientras intentaba abrirse espacio en el periodismo.
Durante mucho tiempo se preguntó si había tomado el camino correcto. “Muchas veces, solo en mi cuarto, le hablaba a Dios y le decía: a lo mejor me equivoqué y tú querías otra cosa para mí y no te tuve en cuenta, no te consulté, tomé mi propio camino y me he equivocado”.
También se enfrentó a su propia inseguridad, una barrera que nació desde su interior y no vino desde afuera.
Cuando escuchó por primera su voz ya grabada, sintió que su voz podía convertirse en un obstáculo mayor para su sueño con el periodismo deportivo. “Yo soy una persona muy autocrítica. Me decía: con esa voz no voy a ningún lado. Eso me costó mucho, y hasta hace apenas unos años me cohibía porque tenía vergüenza y pánico escénico”, recuerda.
Por un tiempo esas inseguridades lo hicieron dudar de sus capacidades profesionales. Pero, además, se sumaron los prejuicios que imaginaba. Temía que algunos de sus colegas vieran primero su silla de ruedas y después al periodista.
Manu, de 30 años, envió propuestas de trabajo y esperó respuestas que nunca llegaron.
Su propio camino
La fe y el apoyo de su madre nunca se apagaron, a pesar de las adversidades. En 2023 fundó su medio independiente: MVP Sports. Comenzó como un canal de YouTube que se transformó en una plataforma capaz de conseguir acreditaciones para grandes eventos deportivos.
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Manu cuenta que la primera gran señal llegó para cubrir la Copa América 2024. Un amigo le sugirió solicitar una acreditación, aunque él no veía muchas posibilidades para un canal que apenas tenía un centenar de suscriptores. “En ese momento me le reí en la cara porque no lo veía posible. Pero me dije lo voy a enviar porque no pierdo nada”, recuerda. Esa credencial se la aprobaron.
Luego llegó el gran reto de la zona mixta del Mundial 2026, espacio que significó para él su mayor desafío. Metido entre decenas de periodistas, cámaras y equipos de televisión, la posición de Manu hacía que algunos jugadores ni siquiera pudieran verlo.
Emanuel fue paciente, él aprendió a esperar, aguardó cada instante, no se rindió, preparó cada pregunta para cuando le llegara la oportunidad. Con la selección de Argentina encontró una mano amiga, pues el jefe de prensa de la selección, Nicolás Novello, entendió la dificultad y decidió permanecer junto a Manu para que Messi pudiera verlo entre la multitud.
El resultado fue una de las escenas más recordadas del pasado Mundial, cuando Lionel Messi se detuvo frente a él y respondió sus preguntas con todo el gusto.
Después de aquella entrevista, otras puertas se abrieron. Llegaron Enzo Fernández, Leandro Paredes, Lautaro Martínez, Cristian Romero, Dibu Martínez y también James Rodríguez. Jude Bellingham fue otro futbolista que se detuvo frente a su micrófono.
Era un sueño cumplido para Manu, sin embargo, el valor de aquellas entrevistas no estuvo únicamente en los nombres de las estrellas del fútbol, sino en poder llevar el mensaje a las familias que pasan por la misma situación que la suya, la de tener una persona en condición de discapacidad. Recordarles que todo se puede lograr siendo constantes.
Entre lo que más recuerda con cariño del Mundial, fue el instante en el que el volante cucuteño James Rodríguez habló sobre los afectados por los terremotos en Venezuela y pidió continuar ayudando.
“James me vio como si me conociera toda la vida. Yo estoy seguro que había visto nuestros videos y no solamente me dio una pregunta, sino que se instaló, se acomodó a hablar con nosotros como si fuéramos amigos de él, y yo se lo agradecí”, afirma.
El padre es su soporte
Frente a las cámaras estaba Manu, pero detrás de ellas su padre, Jesús Gutiérrez, le acompañó de manera incondicional. Durante el pasado Mundial, ambos se convirtieron en un equipo inseparable. El papá aprendió a manejar su celular y la tecnología para grabar las entrevistas, acompañando a Emanuel entre multitudes y estuvo pendiente de cada movimiento.
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“Yo creo que otro padre hubiese dicho: ‘no, Manu, te estás pasando, te volviste loco’, y me hubiese mandado de vuelta a casa”, cuenta sonriente. Pero su padre hizo lo contrario, porque lo siguió adelante con él.
Llegaban temprano cuatro horas antes de cada partido, se marchaban hasta cuatro horas después. Participaron en banderazos entre miles de personas en Times Square. “Tengo un héroe en casa”, dice Manu orgulloso de su padre.
También reconoce el papel de su madre, a quien llama “la capitana de este equipo”. Fue ella quien lo animó cuando estuvo cerca de abandonar la carrera y quien le insistió en que no necesitaba esperar a que un canal, una radio o un diario le dieran una oportunidad. “Cuando nadie cree en mí, incluso cuando yo mismo no creí en mí, ella creyó en mí”, dice.
Cubriendo el Mundial dice que se quebró en par de oportunidades, el primer de ellos el día que cubrió su primer partido. “Cuando empiezo a ver la ceremonia de protocolo, la música, las banderas, me quiebro porque recordé a ese niño que muchas veces vio todo eso por televisión y también cuando cuestioné mis decisiones y lloré los primeros 30 minutos del partido. Estaba totalmente emocionado”, relató.
El segundo momento para él fue el cierre de la Copa del Mundo. Volvió a llorar. Esta vez entendió que su historia podía servir para algo más que contar sobre el fútbol. “Todos tenemos un propósito, todos”, dice.
“Lo que yo tuve que lidiar con mi soledad, con la tristeza, con la frustración, pero todas esas vivencias forjaron la personalidad para yo afrontar después todo lo que viví en el Mundial. Quizás sin todas esas lágrimas en su momento no hubiese tenido la entereza de estar preparado para este momento”, cuenta.
Manu quiere seguir contando historias, esas del balón de fútbol que nunca pudo tocar como quiso, pero sí narrar a través de su micrófono.
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