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Laura Acuña: la mujer que acompaña los sueños de 'Yo me llamo'
La presentadora habla de su participación en el formato, la dupla con Melina Ramírez y el regreso de los pequeños imitadores.
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Ruby Escamilla
Ruby Escamilla
Jueves, 13 de Agosto de 2026

Después de varias temporadas frente a las cámaras de Yo me llamo, Laura Acuña conoce de cerca las historias, los nervios y los sueños que llegan cada noche al escenario del programa.

En la edición de este año, la presentadora santandereana regresa junto con Melina Ramírez y acompaña una temporada que le abre espacio a los pequeños talentos con Yo me llamo Mini.

Para Acuña, el regreso de los niños representa una de las grandes novedades del formato. Más allá de sus habilidades para cantar, destaca la dificultad que implica convertirse en otra persona sobre el escenario.

“Uno dice: ‘El niño canta lindo’. Y bueno, hay muchos niños que cantan lindo, pero es que imitar es otra cosa. Imitar a un artista que ya existe en su forma, en su hablado, en todo, es mucho más complicado”, aseguró en entrevista con La Opinión.

Como mamá, reconoció que observar a los pequeños enfrentarse al escenario despierta una emoción diferente. La razón, explica, está en la espontaneidad con la que los niños asumen el reto.


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“Los niños no tienen algo que tenemos los adultos y es miedo al oso. Ellos van sin ninguna pretensión, van a divertirse y a hacer lo que les gusta. Van sin cargas, sin maletas. Van a gozarse y nos hacen gozar a nosotros el doble”, afirmó.

Una dupla sin libreto

Uno de los elementos que se convirtió en sello de Yo me llamo es la complicidad entre Laura Acuña y Melina Ramírez. Aunque inicialmente no estaba planeado que su relación frente a las cámaras tuviera el protagonismo que alcanzó, ambas presentadoras encontraron una dinámica espontánea que terminó transformándose en una de las características del programa.

“Nos dieron vía libre para eso. Nosotras no tenemos libreto. Esto sale espontáneamente y ha sido de lo más lindo que me ha pasado en mi carrera profesional”, contó Laura.

La presentadora, de 44 años, considera que sus personalidades, aunque diferentes, logran complementarse.


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“Melina me alcahuetea todo. Yo le entiendo su forma de ser, su dulzura y su diplomacia. Las dos somos tan diferentes que nos complementamos súper bien”, explicó.

Según Acuña, esta libertad también contribuye a transformar la manera de presentar entretenimiento en Colombia, al darle espacio a la naturalidad y al humor.

Historias que no siempre llegan a la pantalla

Detrás de las presentaciones, las luces y las imitaciones existe un componente que la presentadora considera fundamental: las historias personales de quienes llegan al programa.

No todas logran aparecer en televisión debido al tiempo disponible, pero conocerlas permite entender que Yo me llamo es mucho más que una competencia.

“Conocer la cantidad de sueños que tiene la gente detrás de presentarse en ese escenario es muy lindo y es motivador también. Al final uno entiende que un formato de estos no solamente es para divertir a los colombianos, sino que es una plataforma para que la gente pueda cumplir sus sueños”, afirmó.


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Y en esa categoría también incluye a quienes no consiguen avanzar en la competencia.

Para Laura, quienes reciben un “no se llama” también dejan una enseñanza. Su valentía para presentarse, exponerse y perseguir una ilusión tiene un valor que va más allá del resultado.

“Ellos aportan todo. Nos hacen reír y nos dan una lección inmensa de seguridad, de actitud y de valentía. Sacarle una sonrisa a una persona ya le puede cambiar el día”, manifestó.

Una pausa para Colombia


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Después de varias temporadas, Acuña encuentra en la fórmula de Yo me llamo una de las razones de su permanencia entre el público colombiano: la posibilidad de reunir a las familias alrededor de la música y el entretenimiento.

“Este programa cumple sueños. Todo se hace con amor y los imitadores hacen todo con amor también. Eso se nota”, aseguró.

En medio de un país que, según la presentadora, necesita espacios para desconectarse de las preocupaciones cotidianas, Yo me llamo vuelve a convertirse en una invitación a cantar, reír y disfrutar en familia.

“Necesitamos reírnos. Necesitamos disfrutar de la buena música, sentarnos y desconectarnos de los problemas personales y nacionales y ver otra cosa. Una cosa que se pueda ver en familia”, concluyó.


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