El terremoto que sacudió a Colombia la mañana del lunes dejó una tragedia que también enluta a Cúcuta. Entre las víctimas que quedaron bajo los escombros en Pereira están Deysi Zulquerine Rodríguez Mejía, de 39 años, y su esposo, Darwin González Guerrero, de 49, una pareja de cucuteños que murió atrapada por el desplome de una pared del apartamento donde vivía.
“Solo le quedó una mano por fuera y alcanzó a decirle a mi hermana menor, que estaba con ella, que le cuidáramos a sus hijos”, relató, conmocionada, a este medio su hermana Solimar, quien ayer realizaba algunos trámites para trasladar los cuerpos a la capital de Norte de Santander.
Deysi y Darwin llevaban 20 años juntos y desde hacía cinco estaban residenciados en la avenida Ferrocarril con carrera 9, en la capital risaraldense, cerca del parque La Libertad. Allí vivían con sus hijos, de 17, 15 y 10 años.
La familia tenía su vivienda en un edificio de tres pisos. El apartamento estaba ubicado en el segundo piso, mientras que en el primero funcionaba el taller de motos en el que la pareja se ganaba el sustento, porque “él era un buen mecánico y ella, su gran apoyo”, según sus familiares.
“Tenían su tallercito de mecánica y trabajaban en equipo. Hace como un año vino a visitarnos y la última vez que hablé con ella fue el domingo en la noche, como a las 7:40”, dijo su hermana Solimar Sánchez.
: Los esposos vivían en Pereira desde hacía cinco años. Foto: cortesía.
Sánchez recordó que, en el momento en que se produjo el movimiento telúrico, se encontraba en el gimnasio y observó cómo el piso a su alrededor se movía. Segundos después se enteró de que un fuerte sismo, con epicentro en Chocó, había remecido varias regiones del país, pero no se imaginaba la magnitud de lo que acababa de ocurrir.
Tras conocerse más detalles de la tragedia, Solimar comenzó a llamar a sus seres queridos y encontró una videollamada perdida de su hermana menor, quien llevaba una semana y media en Pereira en busca de trabajo y se había alojado en la casa de Deysi.
“Entonces le regresé la videollamada y no me contestó. Como al tercer intento me salió ella, toda llena de polvo, y me hablaba, pero no se le escuchaba nada porque la señal estaba muy mala. Empezó a mostrarme que los dos niños (hijos de Deysi) estaban con ella, mientras lloraba”, manifestó.
Solimar expresó que, finalmente, la comunicación mejoró y en ese momento su hermana le contó que no pudo salvar a Deysi ni a Darwin y se sentía culpable.
El desespero se apoderó de Solimar, quien no terminaba de creer lo que su hermana, con lesiones en la cabeza y el rostro cubierto de polvo y cemento desprendido de las paredes, acababa de informarle.
“Me desesperé, me monté en la moto llorando y me fui a buscar a mi tío para contarle, y ahí empezó toda esta tragedia”, apuntó.
Los últimos minutos
De acuerdo con la doliente, su hermana menor se levantó temprano ese lunes para prepararles el desayuno a sus sobrinos más pequeños, porque el mayor se había quedado el domingo en la casa de unos amigos.
Cuando la tía de los menores sintió el temblor, los tomó de las manos “y salió en carrera para la calle”. Mientras tanto, Deysi Rodríguez y Darwin González permanecían en su habitación.
“Luego regresó por mi hermana. Estaba entrando al apartamento cuando vio que ella iba saliendo del cuarto y le tendió la mano para intentar tomarla, pero se cayó la pared encima. Detrás estaba mi cuñado. El muro los agarró a los dos. Ella quedó con la mano estirada y le pidió que no abandonara a los niños”, señaló la familiar de las víctimas.
Ayer, Solimar no podía dejar de recordar su última conversación con Deysi. Esa noche hablaron de que su hermana estaba contenta porque estaba a punto de conseguir empleo. “Ella misma la contactó con unos conocidos para empezar a trabajar”, contó.
“Echamos cuento, hablamos de mi otra hermana, recordando viejos tiempos de mi mamá; riéndonos de todo. Quedamos en comunicarnos al otro día, porque conversábamos seguido por llamada grupal”, indicó.
Deysi Zulquerine Rodríguez era la segunda de mayor edad entre las hermanas, después de Solimar. Su alegría era su tarjeta de presentación y, junto con su esposo, había consolidado un hogar lleno de amor. Además, siempre estaba dispuesta a tenderles la mano a los suyos, por eso había recibido a su hermana menor en su casa.
“A ella le cayeron los escombros. Tiene hematomas en la cabeza, en la espalda y en los brazos, y está bastante afectada, al igual que los niños. Anoche (lunes) hizo el reconocimiento de los cuerpos. Mi hijo y una hermana viajaron para ayudarla”, narró.
Una pareja muy unida
Los parientes y amigos que conocieron a la pareja solo pueden decir que siempre fueron muy unidos y que eran “un equipo”. El amor primó en su familia y, a donde iba ella, iba él. Así murieron en esta tragedia: juntos, como juraron estarlo cuando se dieron el sí para siempre.
“El amor que siempre tuvieron los unió. Y lo más doloroso es ver que los niños se quedaron sin sus padres. Al menos hubiera quedado una figura paterna o materna, porque eso es muy duro. Perdí a mi esposo hace 10 años y a mí me tocó muy duro con mis dos hijos. Ahora volvemos a vivir eso”, reflexionó Solimar.
Mientras los socorristas trabajaban ayer en el rescate de sobrevivientes y de los cuerpos de quienes murieron, la familia de los esposos cucuteños continuaba con los trámites para trasladar los restos mortales de sus seres queridos desde la capital risaraldense hasta Cúcuta, donde esperan darles el último adiós.
Por esta razón, los familiares apelaron a la solidaridad de allegados y de la comunidad en general, pues los gastos funerarios rondan los $20 millones.