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Judicial
La verdadera historia de muerte de la profesora Glenda, un nuevo feminicidio en Cúcuta
Cuando se cumplen tres meses del hecho, su familia conversó con La Opinión para revelar lo ocurrido en su apartamento.
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La opinión
La Opinión
Jueves, 30 de Julio de 2026

Un día como hoy, 30 de julio, se cumplen tres meses exactos del atroz crimen en el que un hombre le arrebató la vida a Glenda Bustamante, una reconocida maestra de 73 años, cuya existencia terminó en lamentables circunstancias dentro del lugar donde más segura debía sentirse. Su propia vivienda.

Hoy, Mario Alexander Garcés Beltrán enfrenta una acusación formal por los delitos de feminicidio agravado y acceso carnal violento agravado, mientras el proceso judicial sigue avanzando para una familia que quedó destrozada, no solo por el crimen, sino también por el revuelo mediático que se generó alrededor del caso.

Desde aquel fatídico 30 de abril surgieron múltiples versiones falsas que mancharon con rumores y mentiras el nombre de una profesional que, según quienes la conocieron, fue una mujer íntegra, una docente de vocación y un ejemplo a seguir.

Las versiones que apuntaban a un supuesto encuentro sexual consensuado generaron titulares lamentables que hoy son desmentidos por sus familiares más cercanos, quienes conversaron con este medio.


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El último día

Ese jueves, la maestra inició su jornada como de costumbre. Desde muy temprano, en su agenda solo tenía programado acompañar a la hija de uno de sus sobrinos a clases de patinaje y luego ir a comer pizza, como lo habían hecho en muchas otras ocasiones.

Hacia las 7:00 de la mañana habló con la madre de la menor para confirmar el encuentro, cita que nunca pudo concretarse. Cuarenta minutos después, esa misma mujer recibió una llamada que la dejó perpleja.

Alrededor de las 7:15 a.m., Garcés, taxista de profesión, llegó al edificio Cámbulos Gold, donde Glenda vivía desde hacía ocho años, y subió hasta su apartamento. Este hecho resulta extraño para la familia, pues aseguran que ella difícilmente permitía el ingreso de personas desconocidas a su hogar. Además, nunca comentó a sus allegados de confianza que esperara la visita de aquel hombre.

Las autoridades establecieron un lapso aproximado de 25 minutos en el que se habría cometido el crimen. Según la investigación, el hombre, de 42 años, habría abusado sexualmente de la mujer y posteriormente la habría asfixiado mediante estrangulamiento.


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Cuando el reloj marcó las 7:40 a.m., el hombre llamó a la recepción del edificio para informar que se presentaba una emergencia y pidió que solicitaran una ambulancia.

Cinco minutos después llegó la empleada del servicio doméstico, más temprano de lo habitual, pues su jornada comenzaba a las 8:00 a.m. Lo que encontró era completamente inusual.

La puerta del apartamento estaba abierta y, en el pasillo, permanecía el hombre caminando de un lado a otro, sin pronunciar palabra. En su camiseta tenía rastros de sangre y lucía visiblemente nervioso. La trabajadora ingresó a la habitación y encontró a Glenda tendida sobre su cama, ya sin signos vitales. El doble crimen se había consumado.

La empleada llamó de inmediato a la familiar más cercana de la maestra para informarle lo ocurrido. Ella llegó rápidamente al edificio y confirmó la tragedia. Desde ese momento estuvo convencida de que el taxista era el responsable.


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"Tranquila, yo voy a responder", fueron las palabras que, según los testigos, pronunció el hombre en medio del tenso momento, mientras se limpiaba repetidamente las manos con su propia ropa.

La mujer solicitó de inmediato la presencia de la Policía.

Poco después arribó una patrulla y capturó al hombre como presunto responsable. Acto seguido, investigadores del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía inspeccionaron la escena y recopilaron el material probatorio, pues se trataba de una muerte rodeada de múltiples interrogantes.

Profesora Glenda Bustamante 2
 
Un encuentro casual

Mario y Glenda se conocieron menos de dos semanas antes del crimen, cuando coincidieron, al parecer de manera casual, en la calle. Sin embargo, la sospecha de que él la hubiera estado siguiendo desde tiempo atrás sigue siendo materia de investigación.

Un dato importante es que el hombre trabajaba en un paradero de taxis ubicado junto a la parroquia Santo Domingo Savio, el mismo templo al que la mujer asistía a misa todos los domingos. Por ello, no se descarta que allí la hubiera identificado.

Según sus familiares, el hombre se ganó rápidamente su confianza al contarle que, supuestamente, su madre padecía un grave problema de salud y necesitaba una elevada suma de dinero para su tratamiento. Nunca se estableció si llegó a pedirle dinero o si ella se ofreció a ayudarlo; sin embargo, esta situación podría estar relacionada con el móvil del crimen.

Además, el hombre supuestamente tenía previsto viajar a Bogotá a comienzos de junio y días antes le había comentado que "iba a trabajar mucho para conseguir parte del dinero". Otro aspecto que hace parte de la investigación es la desaparición de una suma de dinero que Glenda guardaba en su apartamento.


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¿Pecó de inocente?

Haber confiado en ese hombre terminó convirtiéndose, presuntamente, en la sentencia para una vida intachable que acabó de la peor manera. Quienes la conocieron coinciden en describirla como una mujer generosa y profundamente humana.

"Fue muy dedicada a sus padres, al servicio de los demás y muy católica. Era muy inocente, muy buena persona; no tenía malicia", relató un familiar.

Esa imagen también es respaldada por las generaciones de estudiantes que formó durante más de 40 años como profesora de idiomas. Muchos de sus exalumnos recuerdan que dejó de ser solo una docente para convertirse en mentora y amiga. Varios de ellos incluso la acompañaron en su despedida durante los primeros días de mayo.

Ese día estuvo rodeada de su familia, especialmente de la hija de uno de sus sobrinos, a quien consideraba "la nieta que la vida no me dio", como solía decir. Glenda nunca tuvo hijos, pero dedicó los pocos años que disfrutó de su jubilación a compartir con sus seres queridos.


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Su último cumpleaños, el 25 de marzo, fue una verdadera celebración. En la casa de un familiar incluso le llevaron una parranda vallenata, pues era ampliamente conocido el gusto que sentía por ese género musical, tan acorde con la alegría que siempre la caracterizó.

Tres años antes había dejado las aulas, después de toda una vida dedicada a la docencia. Cambió los salones de clase por los encuentros familiares.

"Qué alegría poder dormir y ya no tener que madrugar a las cuatro de la mañana", decía entre risas a sus allegados, mientras disfrutaba de una jubilación que terminó siendo demasiado corta.

Durante ese tiempo también aprovechó para viajar junto a su familia. Su última travesía fue a Cartagena y ya planeaban un viaje al extranjero para este año, un proyecto que, como muchos otros sueños, quedó truncado.

Hoy, sus familiares insisten en desmentir las versiones que han afectado la imagen de una mujer trabajadora, víctima de uno de los crímenes más estremecedores registrados en Cúcuta durante este año.


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