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Nada nos lo va a devolver: crimen de latonero tiene consternado al barrio La Victoria, de Cúcuta
Heivin Saryen Díaz Rincón falleció minutos después, mientras uno de sus ayudantes permaneció herido.
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La opinión
La Opinión
Viernes, 25 de Septiembre de 2026

La muerte del latonero Heivin Saryen Díaz Rincón dejó a una familia sumida en el dolor y rodeada de preguntas que todavía no tienen respuesta. Mientras sus seres queridos intentan asimilar el crimen que acabó con su vida, en redes sociales comenzaron a circular comentarios sobre la víctima que ellos califican de falsos y alejados de la realidad.


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Ayer, horas después del hecho, el panorama en aquella latonería de la avenida 5 con calle 5, del barrio La Victoria, era muy distinto al habitual. Lejos del ambiente relajado de risas y trabajo de un grupo de hombres, la situación era lúgubre y una escena terminó de romper el corazón de los vecinos.

Un perro de pelaje negro, mascota de la víctima, lloraba desde la parte externa del portón azul mientras intentaba entrar a la fuerza por un pequeño agujero al lugar de trabajo de su dueño, donde este vivió sus últimos momentos en un crimen que parece inexplicable.

Pájaro, como era conocido Díaz, fue descrito como un hombre muy honrado y trabajador, cuya labor estuvo dedicada al mundo automotriz. En un momento vendió gasolina y posteriormente trabajó en un montallantas de la avenida Las Américas, hasta que, hace ya algunos años, se trasladó a la ciudadela Juan Atalaya para montar una latonería.

En la mencionada dirección estableció aquel negocio, que atendía siempre con la mejor disposición y mucho profesionalismo, según contaron. Junto a él trabajaban varios señores de edad avanzada, quienes realizaban labores de ayudantes.


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“De él no hay nadie que pueda decir nada malo. Todos en el barrio lo conocen como un hombre muy honrado y correcto. Les daba trabajo a los ‘viejitos’ que lo ayudaban de vez en cuando, pero nunca se le vio en problemas ni con malas actitudes. Estamos todos impactados”, relató una vecina de una familia ya tradicional de este barrio.

Y es que muy cerca de donde ocurrió el ataque vive la familia de Heivin, que aún no logra asimilar por completo la situación que atraviesa. Sus integrantes insistieron ante este medio en que el hombre era una buena persona y aclararon que los comentarios que están haciendo en redes sociales en su contra son totalmente erróneos e infundados.

Optaron por no dar más declaraciones. “Opiniones o no opiniones, nada nos lo va a devolver”, manifestó una familiar.


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Un tiroteo

En la tarde del pasado miércoles, 23 de septiembre, ocurrió el fatal hecho. Como era habitual, Díaz y su compañero estaban trabajando sin mayor novedad, hasta que, antes de que el reloj marcara las 3:00 de la tarde, arribó la muerte.

Venía en forma de dos hombres en moto, cada uno con un arma en la mano, quienes abrieron fuego contra el local. Vecinos cuentan que fueron, por lo menos, más de diez los estruendos que se escucharon frente al taller, que tenía las puertas abiertas.

Buena parte de las balas impactó a Heivin y otras alcanzaron a uno de sus ayudantes, un hombre de la tercera edad. Luego de varios segundos de caos, los agresores huyeron y quedó el desespero.

Demás trabajadores del sitio, vecinos y familiares llegaron rápidamente y encontraron a los dos lesionados, quienes aún tenían signos vitales. En un vehículo particular fueron trasladados a un centro asistencial cercano. Sin embargo, el personal médico no pudo hacer nada para salvar a Pájaro, de 34 años.


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Minutos después se confirmó su fallecimiento. En cambio, su ayudante continúa en recuperación y recibiendo atención médica.

Miembros de la Brigada Interinstitucional de Homicidios (Brinho) arribaron a la escena del crimen para iniciar las indagaciones y tratar de esclarecer este hecho, que ha dejado a toda una comunidad sumergida en la consternación.

En La Victoria nadie tiene nada malo que decir de Heivin. Sus familiares sostienen que era un buen hombre que cayó víctima de un despiadado crimen que, por poco, cobra incluso otra vida.

Por ahora, las puertas de su taller permanecen cerradas. Afuera, una parte de carrocería y, en la fachada, varios impactos de bala son el recuerdo de aquella tarde amarga para los Díaz Rincón.


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