Gustavo Suárez, 63 años, pasó los mejores años cultivando en Herrán y Las Delicias (Venezuela).
Dejó de trabajar, porque desde hace varios años padece de artritis crónica, enfermedad que le imposibilita caminar, y después de tener una familia con 11 hijos y 13 nietos, lo abandonaron a su suerte.
Solo se quedó cuidándolo una de las hijas, Erika, 32 años. Ella comparte la vivienda localizada en el barrio El Trébol (Chinácota).
Un fin de semana, cuando la Policía y la comunidad se alistaban para darle apertura a un frente de seguridad ciudadana, llegó a ese sector Suárez cargado por los vecinos.
A su lado estaba Erika, quien fue abordada por los policías y se enteraron de la situación y la falta de una silla de ruedas.
El personal de la estación de Chinácota lo incluyó en el programa Cumpliendo Sueños y lideraron la tarea de reunir dinero con la comunidad y comerciantes para mejorar la fachada, construir una rampa y adecuarle el baño para sus condiciones.
Paralelo a estas intervenciones, los uniformados gestionaron una silla de ruedas que fue entregada. Estas acciones les han permitido, no solo a Suárez, sino a su hija, cambiar las condiciones de vida.