“Se creará un ‘reservorio de semillas’ en donde se protejan, se preserven y se les permita a las comunidades acceder a semillas tradicionales y nativas de coca, marihuana y amapola”, dice uno de los puntos del mandato popular de la Constituyente de la coca, la marihuana y la amapola, en la que participaron cultivadores del Catatumbo, hace algunas semanas.
Aunque la propuesta puede resultar utópica para algunos, según los líderes de esta iniciativa es solo uno de los pasos en el proceso de normalización y legalización de los cultivos declarados ilícitos.
Así lo afirma César Jerez, vocero de la Asociación Campesina del Catatumbo, para quien la protección de las semillas trasciende una discusión jurídica y moral, y se orienta hacia la preservación de un patrimonio único que, además, germina donde lo siembren.
De hecho, la vitalidad de la semilla de la coca ha llevado incluso a que se busquen mecanismos para que hacerla vulnerable a los mismos males de otros cultivos, en especial ciertos tipos de plagas y poca resistencia a los cambios climáticos.
“En esto, creo yo, hay una presión muy grande de ‘los gringos’ para experimentar con la semilla y debilitarla”, dijo Jerez. “Se ha sabido que, en algunas zonas, hay un gusano que ataca la planta, cosa que antes no pasaba”.
Leonel Rodríguez, secretario de Desarrollo Económico del departamento aseguró que la semilla de la coca que se estableció en el Catatumbo, tanto como en otras regiones del país, es sana y de una enorme capacidad de producción.
“Además, ese es un tipo de cultivo que crece solo, no necesita que lo fumiguen, que lo vigilen, y de ahí podría explicarse por qué ciertas comunidades se dedicaron a este oficio”, comentó.
También señaló que se han conocido casos de afectación de estas plantas por plagas, lo que indicaría que tal vez las semillas ya no son de la misma calidad, aunque no se descarta que la calidad de los suelos también haya variado.
Al respecto Jerez manifestó que cualquier alteración de la naturaleza, si es provocada malintencionadamente por el ser humano, es una equivocación.
Además, afirma, se desatarían otros problemas para cultivos que sí son lícitos, de ser cierto que la semilla está siendo modificada y atrae nuevas pestes.
“Es que nosotros no estamos de acuerdo con ninguna acción contra la planta, ni de tipo biológico, y muchísimo menos con tecnología”, enfatizó. “Porque el problema no es la planta sino el uso que se le ha dado”.
Aunque desde Ascamcat la propuesta de la sustitución de los cultivos declarados ilícitos sigue en pie, no se descartará la posibilidad de fortalecer los usos alternativos de la coca, a la manera de una industria siempre y cuando la legalización sea una realidad.
Acuerdos para la conservación
Entre los aspectos destacados del mandato popular que, entre otras cosas, apunta a la conservación de las semillas de coca, se incluyen aspectos como la preservación de los usos tradicionales de la hoja.
En este sentido, se estableció que las semillas deberán ser patrimonio de las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas.
Por lo anterior, según establece el documento, “se prohibirá la patente de las semillas de coca, marihuana y amapola”.
De otro lado, se pedirá al Gobierno Nacional construir una legislación, con los grupos sociales que cultivan o usan la coca para algún fin, para proteger las semillas nativas y rechazar la intervención extranjera y la posible presencia de semillas transgénicas.
En el proceso de sustitución, se habla de promover la legalización de las plantas de coca, marihuana y amapola, “con semillas nativas o criollas”.
Igualmente, se señala que “las semillas no serán sujeto de certificación por instituciones nacionales o internacionales”.
Para César Jerez, el fin de estos acuerdos populares es definir una política concertada de lucha contra las drogas en escenarios tan complejos como el Catatumbo donde, reconoce, el incremento de cultivos es inocultable.
