Catatumbo hoy tiene nuevos mandatarios para los once municipios que conforman esta región clave. Cada uno proviene de variadas y contradictorias corrientes políticas que, quieran o no, deberán unirse para hacer frente a la tarea más ambiciosa del Gobierno Nacional: la paz.
Según ha dicho el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, la firma de la paz con las Farc dejaría “libre del yugo” de esta organización a la región, pero también implicará transformar las condiciones de vida de su población para garantizar una paz sostenible.
Esta zona, afectada no solo por la violencia, sino por el abandono gubernamental, es vista como una especie de laboratorio de paz en el que deberían demostrarse la efectividad de los acuerdos y su aplicabilidad en un territorio en el que conviven sembradíos de coca, todos los actores de la guerra, nuevos grupos criminales, comunidades ancestrales, grandes y pequeñas empresas, entre otros.
Además está la estricta oposición y presencia de la Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat) que, a su modo, constituyó una Zona de Reserva Campesina ‘de hecho’ y se ha encargado de adoctrinar seguidores para tener un mecanismo de protección -según se dice- civil y no violento, con la guardia campesina del Catatumbo.
También queda el reto de ganar la confianza de las comunidades frente a las instituciones y cambiar la imagen de que la vida en la zona de Catatumbo seguirá igual, haya o no acuerdo de paz.
Ponerse de acuerdo
Para Luis Fernando Niño, secretario de Víctimas departamental, tal vez la mayor dificultad será poner de acuerdo a los alcaldes en relación con lo que es y debe ser la paz territorial.
“Que comiencen a pensar como región es fundamental”, dijo. “Definir qué productos se exportarán, cuáles vías son prioritarias, cómo se atenderán integralmente las necesidades de la población para tener acciones de paz y de desarrollo concretas”.
En este sentido también se evidencia la necesidad de que, pese a ser de ideologías y orígenes distintos, los mandatarios tendrán que buscar a su enlace directo con el Gobierno Nacional: el nuevo gobernador, William Villamizar.
De otro lado, quedan incógnitas por resolver en materia de asociatividad regional, pues la presencia de partidos tradicionales, especialmente el conservatismo en cuatro de los 11 municipios, se asocia con un estilo de gobierno que podría estancarse ante las dinámicas del Catatumbo con la llegada de otros movimientos alternativos.
Igualmente, no se han resuelto incógnitas ‘de vida o muerte’ como el desminado humanitario.
Tampoco se sabe qué pasara con los cultivos de coca, cuáles serán los modos de sustitución y erradicación, y cuándo se definirán estas alternativas pues mientras hay decisiones el negocio continuará en este impenetrable y aislado corredor.
Así quedaron
A partir del primero de enero de 2016 la distribución de partidos, según los municipios del Catatumbo, es:
Ábrego: partido de la U.
Convención, Ocaña, Sardinata y La Playa de Belén: partido Conservador.
El Carmen: partido Liberal
El Tarra: Polo Democrático
Hacarí: Movimiento Alternativo Indígena y Social, Mais.
San Calixto: Alianza Verde y Polo Democrático.
Teorama: Autoridades Indígenas de Colombia y Polo Democrático.
Tibú: partido Alianza Social Independiente.
Una de las mayores inquietudes recae sobre los resultados de Ascamcat, que se estrenó en la contienda este año.
De sus abanderados, el único triunfo se obtuvo en San Calixto y la principal decepción, según César Jerez, fue la anulación masiva de cédulas. Sin embargo destacó el haber hecho escuela y anunció que se seguirá trabajando con las lecciones aprendidas.
