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Región
Las huellas de la guerra que aún no se borran en San Calixto y Las Mercedes
Los habitantes de estos municipios afectados por el conflicto en el departamento creen que la llegada de la paz será un proceso largo y difícil.
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Sábado, 25 de Junio de 2016

Viajar por tierra al corregimiento Las Mercedes (Sardinata) es recorrer la realidad de Norte de Santander en su máxima expresión: vías convertidas en trochas ‘rompe huesos’, ranchos que reflejan pobreza y un territorio totalmente dominado por las guerrillas y los grupos de crimen organizado.

Cuando se acerca el destino final, los pasacalles alusivos a las Farc, adornados con las fotos de los extintos comandantes Manuel Marulanda Vélez y Alfonso Cano, junto a un mensaje que dice “52 años de lucha por la paz”, le dan la bienvenida a propios y turistas, quienes además tienen que soportar altas temperaturas que hacen que estorbe la ropa que se lleva puesta.

Por las polvorientas carreteras pasan constantemente volquetas cargadas de ‘pategrillo’, insumo utilizado para el procesamiento de cocaína.

Su gente tiene una mirada de sorpresa que en ciertos momentos genera temor, porque hasta se cohíbe de saludar a los viajeros que pasan por su territorio.

Luego de tres horas de camino entre la trocha se llega al casco urbano del corregimiento, rodeado de montañas desde donde se ha impuesto la cruel historia de las balas, los muertos y los ataques con cilindros-bomba contra la fuerza pública.

“Si se queda por ahí, de pronto le dan la bienvenida desde allá arriba (risas)”. Así, con un tono sarcástico, los habitantes de Las Mercedes advierten que en cualquier momento un ataque a bala contra la Policía puede recordarle que este territorio ha sido marcado por la violencia a lo largo de su historia.

El más reciente hostigamiento se produjo el pasado miércoles Santo. “Hubo como una hora de enfrentamientos, pero nosotros ya estamos acostumbrados a eso”, dijo uno de los labriegos.

La esperanza de que los acuerdos que se están logrando entre las Farc y el Gobierno, en Cuba, se materialicen en Las Mercedes, a veces genera hasta burla entre sus habitantes.

“¿Paz?, paz tienen los que están allá (La Habana); acá la realidad es otra; esto no va a cambiar”, sentencia una mujer mientras se come una arepa, cerca al parque principal.

Precisamente, alrededor del parque, algunas casas destruidas y en ruinas por los cilindros bomba recuerdan las huellas de la guerra.

“La gente que vive en las casas cerca al parque, en las noches buscan posada donde los vecinos, porque no se sabe en qué momento vuelven a caer los cilindros”, dijo un joven habitante de Las Mercedes.

Ni la casa cural ni la iglesia se salvan de estos ataques. Las marcas de los tiros en las paredes recuerdan que en el momento de un enfrentamiento no hay ningún lugar seguro en donde refugiarse.

A pesar de que según la versión de algunos residentes de Las Mercedes, la guerrilla de las Farc ya no tiene representación armada en su territorio, lo que sí tienen muy claro es que un grupo de guerrilleros que no está de acuerdo con los diálogos de paz con el Gobierno, se unió al grupo criminal ‘Los Pelusos’, que es el que ahora tiene ‘manda la parada’ en el corregimiento.

Allí, la combinación criminal de exmiembros de las Farc, ‘Los Pelusos’ y el Eln complementa la estructura del poder en pro del negocio del narcotráfico.

El cultivo de coca y la vacuna por la venta de cerveza representan las multimillonarias ganancias que estos grupos armados ilegales aprovechan ante el abandono del Estado.

Los pocos policías que están en la estación, a un costado del parque, evitan salir para no ser blanco fácil de un francotirador o de los ataques con fusil.

“Cada vez que ellos salen es fijo que en esos días los atacan”, dijo un vecino del sector.

Sin embargo, diferente a lo que ocurre en otros municipios del Catatumbo, en Las Mercedes cada ocho días un grupo de policías sale a buscar el mercado en una tienda, a pocos metros del parque.

Anuncios en medio de la lluvia

Un fuerte aguacero, que se prolongó por más de dos horas al caer la tarde del jueves, hizo que los campesinos se entraran a sus casas más temprano de lo normal. Ese día, el anuncio del acuerdo al que el Gobierno llegó con la guerrilla de las Farc para iniciar una nueva era sin guerra en el país, no hizo que las cosas allí fueran diferentes.

Esa noche, los truenos y los relámpagos eran los únicos ruidos similares a la detonación de un arma. El tiempo transcurrió con tranquilidad.

Algunas personas aprovechaban la lluvia y se bañaban debajo de un tubo; los niños pasaban en sus bicicletas con un derroche de felicidad y una que otra persona corría para tratar de no seguir mojándose.

Allí, en el corregimiento Las Mercedes, donde el abandono del Estado es el protagonista, parecía que fuera un día normal; los acuerdos y los anuncios que tal vez generarán un cambio en la historia del país no reflejaban ninguna expectativa en este lugar.

Un clamor común entre sus habitantes para mejorar la situación de esta zona es que el Gobierno invierta en vías, educación y salud para estos territorios afectados históricamente por la violencia.

“La gente ya no cree, porque el Gobierno se volvió mentiroso”, dijo el vicario Gabriel Martínez.

Aunque dijo que la iglesia no es pesimista en que la guerra cese en esta región de Norte de Santander, también es consciente de la presencia de los tres grupos armados ilegales que controlan y dominan el pueblo a su antojo.

“Una firma son puras letras; en la realidad no va a cambiar nada. Solo con inversión se abren las brechas para la paz”, dijo Martínez.

San Calixto, otro territorio sin ley

Uno de los territorios más golpeados por la violencia en el departamento es San Calixto. Tanto, que el comandante de ‘Los Pelusos’, sucesor de Víctor Ramón Navarro Serrano (Megateo), es oriundo de ese municipio.

Jader Navarro, ‘Caracho’, nació y se crió en San Calixto.

Allí, la situación es muy similar a la que se vive en Las Mercedes. Las casas del pueblo están marcadas con letreros de las Farc, el Eln y Epl. 

Entrando al municipio se siente una tensión fuerte con las miradas que hacen el mismo recorrido de cualquier extraño que visita el lugar. Una bandera del Eln colgada a la entrada, augura la realidad en esta apartada región de Norte de Santander.

La semana pasada en menos de 48 horas fueron asesinados dos policías y dos soldados en esa zona. Los policías entraron a una tienda a comprar una pony malta y un pan cuando los mataron.

Los médicos del puesto de salud, ajenos a la guerra, salieron del municipio tras ser amenazados de muerte. Allí, todos están a su suerte.

Andrés González | andres.gonzalez@laopinion.com.co

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