De los 40 alcaldes de Norte de Santander, solo ocho saben de qué está hecho y para qué sirve el Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena).
En Toledo, por ejemplo, el alcalde Jairo Castellanos es el que más jugo le ha sacado a la entidad con la construcción de cuatro puentes hamaca, que pusieron fin al peligro al que se enfrentaban a diario unas 300 familias campesinas de cuatro veredas del corregimiento de San Bernardo de Bata, en su intento por comunicarse con las demás cabeceras municipales del departamento.
Estas familias permanecían incomunicadas por no contar con un paso seguro sobre las quebradas Oro y Grande para poder sacar sus productos de pan coger, café y frutales.
El paso lo hacían por las caudalosas aguas de las quebradas, cuando su nivel lo permitía. Otras veces, los campesinos empleaban cables y poleas por donde cruzaban guindados de montaña a montaña, exponiéndose al peligro, dijo el ingeniero civil Darío Contreras Bautista, del sector de Industria del Sena.

(Las comunidades de Tibú planean con los instructores del Sena la construcción de un puente.)
Daba miedo el paso por esos abismos, dijo el instructor, quien ha estado al frente, con el ingeniero Jaime Bueno, de los montajes de más de 14 puentes en municipios como Toledo, Tibú, Teorama, Convención, Arboledas, Ragonvalia, Chinácota y Cúcuta.
La ola invernal de 2014 y 2015 causó serias heridas a la infraestructura vial de Toledo y los más perjudicados fueron los campesinos de las veredas Santa Bárbara, San Carlos, Maturito y Puente Quemado, del citado corregimiento.
Había que hacer algo y pronto, pero el más interesado fue el alcalde, quien nos llamó y nos dijo que él ponía los materiales y ayudaba con la mano de obra para poner fin a la incomunicación de los campesinos de San Bernardo de Bata, dijo Contreras.
De nuestra parte –dijo el instructor- se aporta la formación, los instructores y la construcción del puente, inclusive algunos estudios de cálculo.
En este caso, de Toledo, los puentes surgieron después de hacer un censo y de evaluar las condiciones del terreno, que dicho sea de paso, era de difícil acceso. Las medidas de cada paso elevado variaron de acuerdo a la topografía y de las necesidades. El más largo tuvo una luz de 65 metros y el más corto de 45 metros de longitud.
Hacer un puente en estas veredas fue como una cirugía de corazón abierto, dado que cada minuto que nos mantuvimos en la montaña la vida estuvo expuesta, dijo José María Gutiérrez, líder de la vereda San Carlos.
Contreras dijo que los alcaldes no han sido muy entusiastas como Castellanos para aprovechar el apoyo que les brinda el Sena para llevar soluciones a sus comunidades.
El costo de un puente hamaca, incluidos los estudios, no supera los 50 millones de pesos, dijo Contreras.
En Norte de Santander, esta solución la están necesitando en casi todos los municipios del departamento.
Los niños llegan temprano a clase

(Antes, los campesinos de San Bernardo de Bata, en Toledo, tenían que cruzar las quebradas colgados de cables.)
Para los expertos del Sena, la dificultad más grande que encontraron en todas las veredas en las que construyeron un puente era que el traslado de los niños hacia sus escuelas tardaba entre dos y tres horas, debido a las largas travesías que debían cumplir al no tener pasos elevados para pasar de un cerro a otro.
En San Bernardo de Bata, algunos pasaban con sus papás por las quebradas y otros lo hacían colgados de sacos en poleas y cables de acero, en maniobras suicidas que se repetían todos los días.
La vida útil de estos puentes es de 40 años y tiene una capacidad de peso de 18 toneladas, lo que quiere decir que hasta caballos con carga pueden pasar por ellos, dijo el ingeniero civil Darío Contreras Bautista, del sector de Industria del Sena.
Las estructuras se diseñan y ensamblan en Cúcuta y cuando están listas se trasladan hasta el sitio donde se hará el montaje.

(En Cúcuta, el Sena ha construido varios puentes sobre el canal Bogotá.)
