El plan favorito de los niños en Cáchira es observar en los picos andinos gigantescos cóndores que surcan los cielos, llamados en la antigüedad mensajeros del sol y señores de los nevados.
En este municipio nortesantandereano los niños dan una lección de cuidado y conservación de la naturaleza. Para ellos es inconcebible maltratar a los animales, especialmente al cóndor de los Andes, ave insignia de Colombia.
El pensamiento altruista de los niños los llevó a ser los protagonistas de un proyecto en el que por medio del arte construyen una cultura de conservación del cóndor.

En ese contexto aparecen ‘Cachicóndor’ y ‘Condorina’, personificados por Gabriel Andrés Higuita García y Gabriela Isabela Rojas García, de 10 y 15 años, estudiantes del Centro Educativo Rural La Primavera, sede El Tablazo.
Ellos son los encargados de promocionar el proyecto entre la población estudiantil y el cuidado del legendario cóndor que habita en los páramos Guerrero y Santurbán.
Para ello recorren las diferentes comunidades del municipio, llevando charlas, vídeos, piezas radiales y carteleras en las que el mensaje es uno solo: conservar al cóndor como símbolo nacional.
Debido al impacto que ha generado el proyecto educativo, biólogos de la Universidad de Pamplona se desplazaron hasta la zona en donde aportaron sus conocimientos de la especie y hablaron de la importancia del ave para el mundo y los ecosistemas que hacen parte de la cadena andina montañosa.
Así, en los niños y docentes del Centro Educativo Rural La Primavera se fortalece día a día la cultura de protección del cóndor y desde la academia se expande a todo el municipio.
El proyecto nació con los esposos y docentes, Jhon Bayron Higuita Gutiérrez y Milena García Carvajal, quienes quieren llevar la iniciativa a las comunidades urbanas y rurales e implementar una cátedra en las aulas de clases para inculcar el valor del Cóndor de los Andes.
“Nuestros dos héroes, ‘Cachicóndor’ y ‘Condorina’, tienen la misión de darle a conocer al mundo la importancia de proteger el cóndor andino”, indicaron los esposos Higuita García.
De acuerdo con los educadores, la siguiente meta es elaborar una cartilla ilustrativa en donde los niños van a encontrar información sobre esta especie y a colorear libremente los dibujos, como una forma de estimular el pensamiento conservacionista de las especies de alta montaña.
La idea es empezar a promulgar las bondades de la propuesta pedagógica en las escuelas de Cáchira y después llevarla a los municipios del área de influencia del páramo de Guerrero, como son Salazar de Las Palmas y Villa Caro.
Higuita Gutiérrez considera la necesidad de elaborar la cartilla para que los niños se apropien del conocimiento, porque con los adultos es complejo, por tanto tienen un imaginario colectivo errado al creer que los cóndores atacan a los animales domésticos.
“Nosotros queremos demostrarles que no es así con el trabajo que están haciendo ‘Cachicóndor’ y ‘Condorina’”, afirmó.
A largo plazo los educadores y niños campesinos buscan que se construya en el páramo Guerrero un observatorio para que la gente pueda apreciar el vuelo del Cóndor. Esta sería una estrategia para impulsar el turismo en el municipio.
Rey de los cielos
En los páramos circundantes a Cáchira existen cóndores y de acuerdo con el seguimiento de estudiantes y docentes el grupo no supera los 16 individuos.
De acuerdo con registros históricos, en la antigüedad, matar un cóndor se convertía en un sacrilegio que era castigado rigurosamente por los primeros pobladores de los Andes.
El cóndor era venerado y admirado por los indígenas que lo consideraban el portador de la luz para el hombre. Siempre ha sido el ave más grande que surca los cielos y las cordilleras de Colombia.
Pese a ello, están al borde de la extinción y la principal causa es la incidencia del hombre en su hábitat y prueba de ello es que actualmente donde hay más cóndores es en zonas inhóspitas.
La extinción comenzó desde la misma Colonización española cuando los cazaban y mataban para sustituirlos por ganado, animales más grandes y con más carne para consumir.
*Roberto Ospino Torres | Corresponsal en Pamplona
