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¿Por qué cuesta más construir un futuro en Norte de Santander?
Educación, empleo, desigualdad y conflicto armado son algunos de los obstáculos que enfrenta la juventud en Norte de Santander.
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Camila Rojas,periodista
Camila Rojas
Domingo, 16 de Agosto de 2026

Ser joven en Norte de Santander es enfrentarse a una realidad llena de contrastes. Mientras miles de adolescentes sueñan con acceder a la educación superior y encontrar un empleo que les permita construir su proyecto de vida, otros se levantan cada mañana con la incertidumbre de elegir entre estudiar, trabajar o simplemente sobrevivir.

En el departamento, esta población enfrenta múltiples barreras, entre ellas la falta de oportunidades, la migración, desigualdad y las consecuencias del conflicto armado, que por décadas ha golpeado a la región.


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De acuerdo con la más reciente Encuesta Nacional de Calidad de Vida del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en el país, las personas mayores de 15 años  calificaron su satisfacción con la vida en general en un promedio de 8,2 sobre 10. Sin embargo, la percepción disminuye al evaluar aspectos como el trabajo (7,4) y los ingresos (6,8).

Con ocasión del Día Internacional de la Juventud, La Opinión consultó a expertos para analizar los principales desafíos y las oportunidades que tienen los jóvenes de Norte de Santander.

El reto de encontrar oportunidades

Conseguir un empleo sigue siendo uno de los mayores retos para los jóvenes, pues a diario miles de ellos se enfrentan a un mercado laboral que ofrece pocas oportunidades y, al mismo tiempo, exige experiencia a quienes apenas culminan sus carreras profesionales.

Según el más reciente boletín sobre el mercado laboral del DANE, entre marzo y mayo de 2026 la tasa de ocupación de la población entre 15 y 28 años se ubicó en 47 %, mientras que la tasa de desocupación fue de 15,3 %. Esto significa que aproximadamente uno de cada seis jóvenes que participa en el mercado laboral no logra encontrar un empleo.

A este panorama se suma otro indicador: en Colombia, 2,442 millones de jóvenes entre los 15 y 28 años no estudian ni trabajan.

 

Foto: archivo La Opinión

 

En Norte de Santander, la analista económica de Mercado Laboral, Sharyn Nataly Hernández Fuentes, identifica tres de las principales barreras que enfrentan los jóvenes para acceder a un empleo formal: la falta de experiencia previa exigida por las empresas, la desconexión entre la formación educativa y las demandas del mercado laboral, y los costos asociados, especialmente, al acceso a la educación superior.

“El nivel educativo sigue siendo muy determinante para los jóvenes, ya que reduce el desempleo y aumenta los ingresos futuros. Sin embargo, en ciudades como Cúcuta, el poder o influencia que tiene el nivel educativo como motor de cambio se ve limitado por barreras económicas. Es decir, en Cúcuta ser joven trae consigo una limitante de falta de experiencia, aun cuando tenga el nivel académico”, puntualiza la experta.

A estas dificultades se suma la migración de jóvenes de Norte de Santander hacia otras ciudades del país, una tendencia que, según Hernández Fuentes, está relacionada con la búsqueda de empleos formales, la falta de una industria especializada y la percepción de inseguridad y problemas de orden público. No obstante, señala que Cúcuta también cuenta con sectores que ofrecen oportunidades para esta población.


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“En Cúcuta, los sectores del comercio al por menor, la industria manufacturera, la logística de transporte y los servicios de tecnología e industrias creativas ofrecen las mayores oportunidades laborales y de emprendimiento para los jóvenes, impulsados por programas locales de formalización y la dinámica fronteriza”, agrega.

Por su parte, Jorge Ramírez-Zambrano, docente y director del Observatorio Regional del Mercado de Trabajo para Norte de Santander, coincide en que los jóvenes del departamento se enfrentan a un mercado laboral marcado por la informalidad y las dificultades para completar sus trayectorias educativas.

“El sistema nortesantandereano presenta un problema estructural al garantizar trayectorias educativas completas, puesto que solo el 50 % de los jóvenes que terminan el nivel de educación media transitan a la educación superior. El otro 50 % enfrenta situaciones críticas frente al desempleo, la informalidad laboral y la criminalidad. Esto es más complejo en las áreas rurales y dispersas”, enfatiza.

Ramírez-Zambrano agrega que el desafío no termina con el acceso a la educación superior. Para quienes logran culminar sus estudios universitarios, también persiste la dificultad de incorporarse al mercado laboral, especialmente por la falta de experiencia y por la limitada capacidad del departamento para absorber a los nuevos profesionales.

Frente a este panorama, el director del Observatorio Regional del Mercado de Trabajo plantea que la respuesta debe involucrar tanto al sector educativo como a las políticas de desarrollo económico. “Considero que desde el orden nacional y territorial se debe desarrollar articuladamente y de manera complementaria políticas de desarrollo económico e inclusión productiva, combinadas con políticas educativas centradas en garantizar pertinencia, calidad y trayectorias educativas completas”, sostiene.

La educación abre puertas, pero no para todos

Aunque en Norte de Santander, la mayoría de jóvenes tienen acceso a educación media gratuita en las instituciones educativas oficiales, el desafío va más allá de garantizar un cupo.

Para la secretaria de Educación del departamento, Hilse Yamile Aldana Pérez, el mayor reto es lograr que permanezcan en el sistema educativo y culminen con éxito su formación, pese a las dificultades.

“Especialmente en las zonas rurales y en la región del Catatumbo, factores como la violencia y la pobreza continúan limitando la asistencia regular. No obstante, la tendencia ha mostrado una mejora gradual. Mientras en 2023 la tasa de deserción escolar se ubicó en 4,92 %, para 2025 descendió a 4,36 % de la matrícula general. Estos avances han sido posibles gracias a estrategias orientadas a garantizar la permanencia de los estudiantes, como el Programa de Alimentación Escolar (PAE) y el servicio de transporte”, dice.

 

Foto: archivo La Opinión

 

Sin embargo, el reto no termina con la graduación. Para muchos jóvenes, obtener el título de bachiller representa apenas el inicio de una nueva incertidumbre: continuar con estudios superiores o lograr empleo para apoyar a sus familias.

Frente a este panorama, la funcionaria asegura que se han implementado programas para facilitar el tránsito de los estudiantes hacia la educación superior.

Una de las estrategias es Educación Superior en tu Colegio que consiste en llevar las ofertas universitarias a las aulas de las instituciones educativas públicas y el Programa de Tránsito Inmediato a la Educación Superior que trabaja con poblaciones juveniles de El Tarra, Convención y Tibú.

“Allí, las universidades de Antioquia, Francisco de Paula Santander sede Ocaña, el Instituto de Educación Superior Rural (ISER) y el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) desarrollan articulaciones. Además, tenemos el ejemplo de 34 jóvenes del Catatumbo que están estudiando en programas de salud de la Universidad Nacional; eso fue un trabajo articulado que se hizo desde la Gobernación, ya que son de los territorios que tienen mayores barreras”, puntualiza.


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Crecer en una región marcada por el conflicto

Para los jóvenes nortesantandereanos, especialmente en las zonas rurales y en la subregión del Catatumbo, trabajar para cumplir sus sueños se convierte en un mayor reto a causa de la violencia, el desplazamiento forzado y la presencia de grupos armados ilegales.

“Si miramos, el 70% de las personas  asesinadas a causa de la guerra tanto en el Catatumbo como en Cúcuta, han sido jóvenes menores de 28 años. Esto nos preocupa bastante. También vemos que hay jóvenes que están combatiendo en el territorio, ya que esta población también es reclutada”, sostiene Carmen García, fundadora de la Asociación Madres del Catatumbo por la Paz.

Para García, una de las mayores preocupaciones es que la región se está quedando sin jóvenes, ya que muchos se desplazan a la capital, otros son asesinados o ven como sus familias se terminan a causa de la violencia.

“Vemos historias de quienes tienen que separarse de sus compañeros, dejar de estudiar, o mujeres que quedan viudas muy jóvenes porque asesinan a sus parejas. Son daños psicológicos muy fuertes que truncan sus sueños”, agrega.

Una postura similar tiene Enrique Pertuz, director general de la Corporación Red Departamental de Defensores de Derechos Humanos (Corporeddhh).

Él advierte que uno de los principales desafíos para las nuevas generaciones es crecer en un entorno donde la violencia ha terminado por convertirse en parte de la cotidianidad.

“Crecer en territorios donde persisten los enfrentamientos, las economías ilegales y el control ejercido por actores armados genera un entorno de miedo e incertidumbre que afecta la salud mental de los jóvenes y puede influir en sus decisiones y expectativas de futuro”, señala.

A esto se suma que el reclutamiento no siempre ocurre mediante la fuerza, porque en muchos casos se presenta a través de amenazas o engaños, aprovechándose de las condiciones de vulnerabilidad de las víctimas.

Sin embargo, ambos líderes concuerdan que también han sido testigos de muchos casos en donde jóvenes han cumplido sus sueños en medio de la guerra y se han convertido en actores de transformación.

“Muchos hoy participan en iniciativas comunitarias, lideran procesos sociales, desarrollan emprendimientos, continúan sus estudios o promueven acciones en favor de la convivencia y la construcción de paz en sus territorios. Aunque las dificultades persisten, su resiliencia evidencia que la juventud no debe ser vista únicamente como una población en riesgo”, reseña Pertuz.

El arte para transformar su realidad

En Norte de Santander también se escriben  historias de jóvenes que han encontrado en el arte y el deporte una forma de abrir caminos y demostrar que el talento puede convertirse en una herramienta de transformación.

 

Jóvenes equipo literario

 

Este es el caso de la corporación Jóvenes Equipo Literario, una organización que nació en Cúcuta en el 2012 con el propósito de ofrecer a niños y adolescentes espacios para desarrollar sus habilidades artísticas, culturales y deportivas, especialmente en sectores donde las oportunidades son limitadas.

“Surgimos ante la falta de oportunidades para la juventud y, en un tiempo, contamos con la participación de estudiantes de intercambio de Italia y Alemania, quienes se interesaron por nuestro proceso. El arte representa una forma de expresión, identidad y transformación. Es un medio para comunicar emociones y construir proyectos de vida”, afirma su coordinador general, Bryam Pérez, conocido por el seudónimo de El Gato Bohemio.

Para este joven líder, uno de los principales desafíos que enfrenta la juventud en el departamento es la falta de apoyo económico para los procesos culturales y en muchos casos, la poca confianza que aún existe en el talento de las nuevas generaciones.

“Se necesitan más programas de formación de bajo costo, acceso a escenarios culturales, apoyo institucional y alianzas que permitan a los jóvenes mostrar su trabajo y crecer tanto artística como personalmente”, sostiene.

A lo largo de estos años, la corporación ha llevado procesos de formación artística y deportiva a población de los barrios Crispín Durán, Belén y el asentamiento humano El Talento, en Cúcuta. Allí desarrollan talleres de actuación, poesía, dibujo, voleibol y microfútbol, convirtiendo estos espacios en escenarios de aprendizaje y esperanza.


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