El trabajo con comunidades es la clave para que los líderes de la región de Catatumbo exijan sus derechos, conozcan sus deberes y transformen el territorio.
En este proceso, que se intensificó este año, la Diócesis católica de Tibú acompaña a los habitantes, con el fin de que sean los protagonistas de una nueva democracia.
Pero, ¿qué motiva a la Iglesia Católica a tener esta incidencia política?
Principalmente, el plan de la Pastoral Social de Tibú, que trabaja en 5 líneas estratégicas: construcción de paz, democracia participativa, inclusión social, desarrollo rural y economía campesina, y cuidado del ambiente.
En esas líneas, según fray Juan David Montes, coordinador de la Pastoral, se cumple la misión de promover y fortalecer el desarrollo humano integral y el aumento de las capacidades de la gente.
“La idea es que ellos mejoren sus saberes, y que puedan interactuar con el estado y los gobiernos local, regional y nacional”, afirma.
El trabajo se inicia identificando las necesidades de cada población para reconocer lo que hay, y lo que después de décadas no ha llegado.
Luego, se desarrollan planes de vida comunitarios en los que los pobladores expresan qué requieren para tener una vida digna, en materia de servicios públicos, salud, educación, entre otros aspectos.
“Para eso, hemos hecho diplomados para formar a los líderes, y se da permanente acompañamiento a las juntas de acción comunal”, explica.
De hecho, no son solo las juntas las que se benefician, pues también se ha llegado a los alcaldes, como ocurre en El Tarra, donde la comunidad busca objetivos comunes, sin perder sus diferencias.
“Ese acompañamiento se da organizando la casa”, cuenta Montes. “Se revisan las actas de constitución de las juntas, la personería jurídica, se explica el funcionamiento que tienen, la importancia de los líderes y sus tareas, para que tengan ese conocimiento”.
Pero aunque la Pastoral podría considerarse como otro líder, Montes asegura que no es esa, ni ha sido la pretensión de la iglesia católica.
“Ellos son los que deben manejar sus necesidades, sus presupuestos”, asegura. “Nosotros no hablamos por ellos porque son ellos, empoderados, los que tienen cómo exigir”.
Las veedurías as también hacen parte del proceso, así como la integración de quienes tienen proyectos similares y pueden asociarse para tener mejores resultados, como se pretende hacer con la unión de las asociaciones de Las Mercedes, Pacelli y Luis Vero, como si fueran una sola región.
Lo que viene
Uno logro reciente fue la entrega de libros de contabilidad, secretaría y afiliados, los cuales deben legitimarse en la Gobernación.
Para ello se tratará de hacer un convenio con el departamento, y así ahorrar los costos del pago.
Actualmente, la Pastoral trabaja con las asociaciones de juntas comunales de Luis Vero, Las Mercedes (en Sardinata), Pacelli, Campo Dos, La Gabarra, Versalles, Puerto Las Palmas y La Angalia (en Tibú); El Tarra, la zona norte de San Calixto, Hacarí y Teorama.
“El fortalecimiento no para”, agrega Montes. “Estoy contento porque los líderes quieren trabajar por sus comunidades, pero necesitan formación y acompañamiento para que sean actores de cambio en sus territorios”.
El reto, dice, es para alcaldes y gobernadores porque los líderes no son como antes; hoy deciden: y eso aumenta la legitimidad y la democracia que es participativa, y no solo de electores”.
