En el corregimiento de Urimaco se cansaron de los mitos que se tejen en torno a la inseguridad de este sector. Diez años atrás, las trochas que conducen al casco urbano eran sinónimo de violencia e inseguridad.
“En la entrada al poblado venían a tirar los muertos de otros lados, y la gente asociaba de inmediato a Urimaco con homicidios”, explicó la vecina Miriam Barbosa. “De ahí empezó nuestra mala fama”.
Lejos del imaginario que se empezó a tejer sobre este lugar, el corregimiento es bastante tranquilo. Desde hace 20 años se cerró la estación de Policía porque, según sus habitantes, allí no pasaba nada.
“Acá no hay homicidios, ni actos violentos, ni alteración del orden público. Solo somos unas 160 personas y todos nos conocemos”, explica Barbosa.
En Urimaco aseguran que su mayor problema no es la inseguridad, sino el abandono municipal. Unos juegos biosaludables gestionados ante la Gobernación son la única huella del Estado en la última década.
El parque principal Mercedes Ábrego está en regulares condiciones, solo hay un polideportivo y la escuela sobrevive con la ayuda de particulares.
El padrino del vecindario
Como la mano del Estado no alcanza a llegar a Urimaco, la Fudoc Tasajero les extendió la suya. Gracias a los aportes de esta fundación, los niños de la escuela del corregimiento tienen comedor escolar.
Fudoc Tasajero también remodeló gran parte de la sede educativa y emprendió un proyecto ambiental con los estudiantes para preservar los recursos naturales del corregimiento.
Un brazo de la quebrada Tonchalá baña una parte de Urimaco, lo que parece un oasis en medio del desértico terreno en el que está incrustado este sitio.
La quebrada, que en este sector, se conoce como La Tabireña, es un refrescante sitio de recreo para la comunidad, de allí su interés en preservarla.
El plan padrino que adoptó la fundación con Urimaco se extendió hacia las madres cabeza de familia. Hace tres años iniciaron un programa de producción avícola con 25 mujeres del sector a las cuales le dieron un capital semilla de 200 pollos. Las participantes triplicaron la producción y subsisten de este proyecto.
“Fudoc Tasajero ha hecho lo que no ha hecho el gobierno. Ellos se convirtieron en una especie de padrinos del corregimiento”, dice la maestra Mónica Sanabria.
Los adultos mayores también reciben beneficios por parte de la fundación.
“Cuando me trasladaron para Urimaco, me alegré, porque conocía cómo eran el sitio y su gente. Es mucho mejor de lo que cree la gente de afuera”, explica Sanabria.
La capilla de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, es uno de los sitios más emblemáticos, por su antigüedad, y el cabrito guisado es un gancho para atraer a los visitantes y demostrarles que Urimaco no es como lo pintan.
