Jaime Castro Guerrero anda de pueblo en pueblo con una guacharaca y una armónica promocionando la música campesina, nutrida de costumbres porque se considera un labriego extraído de Boyacá, “el mismo que yunta a una vaca con un toro, el mismo que va detrás de un camino de herradura desenterrando caballos con una mochila al hombro, a veces cargada de arepas y a veces de detalles para las señoras que están en la plaza de mercado, porque también se canjea carbón y leña por comida”.
Se presentó en el municipio de Santiago, la semana pasada, y no sabe porqué motivo la gente le pide que repita el tema musical: ‘El camino de herradura’, pero de inmediato se responde sin dar tregua: “porque se sienten identificados con la vivencia de la familia Castro-Guerrero”.
Hace 27 años empezó a componer y cantar y cada dos años graba un disco para tener tiempo de promocionarlo en la radio y en conciertos como está haciendo con el disco compacto que incluye 15 canciones de su autoría y que recopiló bajo el título de “Jaime Castro y Los Filipichinis”, término acomodado a los rolos de la vieja Santa Fe de Bogotá, que usaban sombrero, gabardina, chaleco, corbata y hasta paraguas y decían ala, chirriado, chusco y carachas. El grupo lo compone además José Garzón, Delio Torres y Eduardo Cordero. Su tema objetivo es ‘El chacho difícil’ y lo dedica a todos los enamorados. El amor lo inspira, pero también “me inspira la vaquita, el burro, los demás animales y por eso compuse ‘El perro de mi papá”. A sus 49 años piensa que la tarea apenas empieza y por eso, hace diez años, abrió una escuela en Bogotá y contrató formadores profesionales para enseñar a tocar el requinto,el tiple, la guitarra y la guacharaca.
Se radicó en Bogotá en 1977 porque en Tinjacá, Boyacá, no había oportunidades, los caminos eran de herradura, solo existía un radio de marca Sanyo de pilas, no había escuelas y de hecho no estudió, pero aprendió en la universidad de la vida y llegó a la capital de la República a conocer a los artistas de carne y hueso.
En el 2000 se vinculó como cantautor y director del grupo Tocasón. Hoy tiene un catálogo público superior a 150 canciones y muchas otras inéditas.
Antes decía barretón, hacha, arado, ahora los combina con los términos wifi, youtube, Twitter, Instagram, redes de las que no es ajeno. Considera que Jorge Velosa abrió la senda para que la gente distinguiera entre la música guasca, carrilera de la campesina. Reconoce que Boyacá no solo ‘parió’ esa tremenda joya sino también a ilustres Presidentes de la República, a deportistas como Nairo Quintana, Fabio Parra, Francisco ‘Pacho’ Rodríguez, a poetas y escritores. Dice que la música campesina permanecerá vigente y la fórmula perfecta es una dosis de persistencia y escribir canciones que conduzcan a la reflexión y sin una gota de grosería.
Ha estado con su música, humor, ruana y sombrero en Venezuela, Ecuador, México, Estados Unidos y países de Europa, con puro sabor carranguero.
