A Manuel Sarmiento el papel de un boxeador en Destinos, la cinta del director Alexander Giraldo que se estrenó el primero de septiembre, le llegó en un momento en que él mismo se daba de golpes con la vida para subsistir.
Manuel se fue a Inglaterra un año para apartarse del trajín de la actuación, aprender inglés, visitar sus amigos y vivir otras experiencias. Cuando llegó el momento de regresar a Colombia se estrelló con una realidad distinta a la que había dejado. El trabajo en televisión había cambiado, se había impuesto otra dinámica y las propuestas de trabajo para alguien que había salido de la óptica de los productores no aparecían.
“La vida me llevó al límite, me quedé sin un peso, comía una vez al día y tuve que vender mi camioneta, el televisor y empezar de cero”.
Entonces se encontró con ‘Piña’, su personaje en Destinos, que asegura ha sido uno de los trabajos más importantes de su carrera, en especial por la forma como se concibió.
‘Piña’ surgió de conversaciones entre el director Alexander Giraldo y Manuel durante un festival de cine en Aruba, cuando le preguntó qué personaje le gustaría hacer. “Le dije que uno con una exigencia física, que me moviera interiormente, que me confrontara conmigo mismo y con las cosas que debería cambiar o no respecto de mi vida”.
Giraldo lo escribió para él, como una analogía de lo que pasa en la vida y en un cuadrilátero.
“Todos los días hay que entrar y esperar que lancen golpes para responder y tratar de salir triunfante, pero muchas veces lo que llega es la derrota, se besa la lona y hay que volver a levantarse”.
Superando la ficción
Manuel fue sometido a un entrenamiento de seis meses con dos entrenadores, primero uno de artes marciales mixtas, y luego con el entrenador de la selección olímpica de boxeo en ese momento, el cubano Roberto Iznaga.
Incluso Manuel entrenó por su cuenta como boxeador y se sometió a una exigencia física como nunca antes, de modo que llevó su vida al extremo.
“‘Piña’ significa para mí volver a levantarme, volver a entender la vida, valorar otro tipo de cosas, madurar, tener otra consciencia sobre la existencia, la sociedad y el mundo que me rodea”.
La ficción fue superada y el papel quedó tatuado como una de sus experiencias más importantes porque coincidió con el nivel de madurez que necesitaba.
Listo para dar y recibir
Por seis meses puso a prueba su voluntad, corrió 10 kilómetros diarios, entrenó artes mixtas y boxeo tres veces a la semana, y luego subió una montaña.
“Con Roberto Iznaga fue la ‘sacada de leche’ más hijuemadre y el entrenamiento de filigrana propio del boxeo”. Y confiesa que no le entendía ni ‘jota’ al cubano, pero entendió qué hay detrás de esta actividad que puede despertar la pasión del aficionado o el rechazo.
“No saben cuán lejos están de la verdad, como yo lo estaba. Detrás de esos puños lo que hay es alguien que quiere llevar leche y comida a la casa.Eso es su vehículo para salir adelante. Eso hace ‘Piña’, decir: desperdicié mi talento, mandé mi vida a la mierda ¿qué tengo? Mis puños”.
La Opinión
