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¿Pagaría por tener un hijo por horas? El negocio que combate la soledad en China
Adultos mayores y jóvenes contratan compañía para conversar, recibir ayuda en casa o acudir a citas médicas ante el aislamiento en las grandes ciudades.
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Colprensa
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Lunes, 19 de Octubre de 2026

La soledad entre los adultos mayores y las dificultades para establecer vínculos sociales en las grandes ciudades han impulsado en China una industria de servicios de compañía por horas.

A través de pequeños negocios, personas mayores contratan a trabajadores para recibir alimentos, resolver tareas domésticas y conversar, mientras jóvenes y otros clientes pagan por tener acompañamiento en citas médicas y actividades recreativas.

Uno de estos casos es el de Yang, una mujer de 91 años que vive en las afueras de Pekín. Después de la muerte de su esposo, el aislamiento llegó a afectar su vida cotidiana. “La mayor dificultad fue, sin duda, la soledad. A veces, si quería hablar con alguien, hablaba con la televisión”.

La mujer, que padece glaucoma y ha perdido parte de la visión, llegó a considerar la eutanasia voluntaria ante su situación. “Le pregunté a mi hijo al respecto, pero me dijo que estaba prohibido. Le dije que si alguna vez se legalizaba, quería hacerlo; no quería seguir viviendo”.

Su situación comenzó a cambiar cuando conoció los servicios de Wang Yingwei, un antiguo vendedor de teléfonos móviles que dirige un equipo de reparto y asistencia a domicilio. Al principio, sus trabajadores acudían dos veces al día para llevarle comidas calientes, pero también comenzaron a ayudarla con otras necesidades, como reparar los aparatos de su vivienda.

“Nos consideramos parte de la comunidad”, declaró Yingwei a la BBC. “Eso significa ponerse en el lugar de las personas mayores y tener muy en cuenta sus necesidades”.


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El empresario explicó que sus empleados identifican problemas cotidianos que pueden afectar la calidad de vida de sus clientes. Entre las soluciones que ofrecen están instalar depósitos de agua filtrada, reparar equipos y resolver dificultades que impiden a los mayores realizar actividades básicas.

“Los ancianos nos tratan como a sus hijos, y nosotros los tratamos como a nuestros propios padres”, añadió Yingwei. Según explicó, sus servicios cuestan menos de la mitad de lo que vale contratar a un cuidador.

Una alternativa para envejecer en casa

Yingwei creó su empresa después de que su suegro, quien padecía alzhéimer, ingresara en una residencia para adultos mayores. Según contó, las condiciones que encontró allí lo llevaron a buscar una alternativa para que otras personas pudieran permanecer en sus hogares durante más tiempo.

La empresa tiene cuatro empleados, aunque su fundador considera que podría ampliar el equipo a medida que crezca la demanda. Aunque todavía no existen cifras concluyentes sobre el tamaño total de esta industria, la firma de valores Sinolink estimó su valor en unos US$7.400 millones en 2025.

El servicio no se limita a las personas que viven solas o que tienen dificultades para desenvolverse en casa. También responde a las necesidades de quienes, por la distancia o sus circunstancias familiares, no cuentan con alguien que pueda acompañarlos.

Zheng Ruizhi, de 75 años, vive en las afueras del norte de Pekín y tiene un hijo que reside a dos horas de distancia. Tras jubilarse, sus oportunidades de socializar disminuyeron y una lesión reciente le dificultó realizar algunas tareas.

“Tras jubilarme, no tengo muchas oportunidades de socializar con otras personas”, declaró a la BBC.

La llegada de Yingwei le ha permitido contar con apoyo y compañía. La mujer lo llama su “querido niño” y le expresó la confianza que siente cuando él la ayuda: “Te llamo ‘cariño’ porque te tengo mucho cariño. De verdad me gustas de corazón. También te admiro y confío en ti. Cuando me ayudas, no tengo ninguna preocupación ni miedo”.

El crecimiento de estos negocios está relacionado con distintos factores sociales. La migración desde zonas rurales hacia centros urbanos puede dejar a las personas sin sus redes de apoyo habituales. A su vez, los jóvenes que se trasladan a otras ciudades para estudiar o trabajar pueden tener dificultades para establecer relaciones cercanas.


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La profesora asociada Teresa Kuan, de la Universidad China de Hong Kong, explicó que estas situaciones se ven “exacerbado por la estructura de la sociedad y las formas en las que las personas interactúan”.

En este contexto, el acompañamiento remunerado se presenta como una opción para quienes necesitan ayuda puntual, sin contratar necesariamente a un cuidador permanente.

De las visitas a domicilio a las citas médicas y las caminatas

La oferta de servicios también incluye acompañantes que ayudan a realizar diligencias y actividades fuera de casa. Liu Yanyan, de 23 años, trabaja como acompañante médica y lleva pacientes a consultas, recoge resultados de exámenes y compra medicamentos en hospitales de Pekín.

Según explicó a la BBC, algunos de sus clientes son jóvenes que llegaron a la capital para desarrollar sus carreras profesionales, pero no tienen familiares o amigos cerca para acompañarlos.

“Algunos de mis clientes son veinteañeros que vinieron a Pekín para labrarse una carrera. Puede que no tengan amigos aquí o que les resulte incómodo pedirles a sus compañeros que los acompañen debido al concepto de reciprocidad social en la cultura china”, explicó. “Si te acompaño gratis a una cita médica, puede que te sientas obligado a invitarme a comer o a una entrada de cine después”.

Para algunos usuarios, pagar por el acompañamiento evita la sensación de contraer una obligación personal con quien les presta ayuda. Liu considera que esta dinámica refleja las dificultades que pueden experimentar las personas para pedir apoyo en sus relaciones cotidianas.

“Por eso, contratan a alguien como yo para que los acompañe al hospital. Si tuvieran que ir solos, podrían sentir miedo o ansiedad”.

Otra modalidad es la que ofrece Wang Zhoutao, un exsoldado que organiza caminatas para personas interesadas en ascender la montaña Huangshan, en la provincia china de Anhui. Su trabajo consiste en acompañar a los participantes durante el recorrido y brindarles apoyo durante el esfuerzo físico.

“Les brindamos apoyo emocional, como animarlos, tomarles fotos o contarles chistes. En realidad, es un servicio basado en el acompañamiento”, explicó.

Zhoutao suele subir la montaña con clientes entre 10 y 15 días al mes, aunque puede llegar a realizar hasta 30 recorridos cuando tiene la agenda completa.

Entre sus experiencias, recordó la de una joven que se sentía marginada en su trabajo y buscaba recuperar la confianza en sí misma. Durante una caminata en medio del calor, la participante quiso abandonar el recorrido, pero él la animó a continuar.

“Si te rindes ahora y no puedes subir esta montaña, ¿cómo vas a afrontar cualquier otra cosa en la vida?”, le dijo.

Después de completar la ruta, la joven le envió un mensaje en el que agradeció el acompañamiento y describió lo que había significado la experiencia para ella.


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“El ritmo de vida es demasiado acelerado hoy en día. La gente sufre presión por el trabajo, las relaciones y las expectativas familiares”, dijo Zhoutao. “Creo que mis clientes son en su mayoría personas que sienten un vacío en sus relaciones o que han sufrido algún revés”.

La conexión humana como servicio

Para Teresa Kuan, una de las razones por las que las personas recurren a estos negocios es que el acompañamiento pagado establece límites claros sobre lo que pueden esperar de la otra persona.

A diferencia de una amistad, que implica compromisos y expectativas variables, una relación comercial define las condiciones del servicio. Esto puede facilitar que algunos clientes hablen de sus problemas con alguien que no forma parte de su entorno cercano.

La expansión de estas actividades muestra cómo la compañía, el apoyo práctico y la escucha se han convertido en servicios por los que algunas personas están dispuestas a pagar en China.

En el caso de Yang, las visitas de Yingwei y su equipo han contribuido a que se sienta más tranquila en su vivienda, después de que repararan el sistema de aire acondicionado.

“Es bueno tener a alguien cerca cuando lo necesitas, alguien con quien puedas compartir tus pensamientos más íntimos”, dijo.

“Tuve problemas con la soledad, pero ya los superé. Soy bastante feliz”.

La mujer también expresó su temor a perder el vínculo que ha construido con quienes la ayudan: “No puedo perder a Yingwei y a los demás. Todos tienen buen corazón”.

Aunque estos servicios no sustituyen la atención médica, la asistencia profesional ni los vínculos familiares, sus usuarios encuentran en ellos una forma de recibir compañía y resolver necesidades cotidianas. En una sociedad marcada por la movilidad laboral, los cambios en las estructuras familiares y el aislamiento urbano, la conexión humana también se ha convertido en una actividad comercial.

Tomado de El Colombiano.


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