El alumbrado público se basa en su rol como servicio esencial para garantizar la seguridad. La movilidad y el bienestar social en los espacios urbanos y rurales.
En seguridad ciudadana, una iluminación adecuada disuade delitos como el robo y el vandalismo, e incrementa la tranquilidad y percepción de protección en peatones y conductores.
En prevención de accidentes, facilita la visibilidad nocturna en vías y aceras, lo que reduce de forma directa el riesgo de colisiones vehiculares y caídas.
En dinamización social y económica, permite extender los horarios de la actividad comercial, fomenta el turismo y facilita el uso nocturno de parques, plazas y espacios recreativos.
Por este servicio, en Colombia, en este caso los propietarios de predios habitacionales, comerciales, educativos, religiosos, en general todo predio sin excepción de uso paga un impuesto mensual de alumbrado público reseñado en el recibo que distribuye Centrales Eléctricas del Norte de Santander.
Muy buena tajada la que se recauda por este concepto, lo que amerita la prestación de un eficiente servicio.
Pero no, calles con muy baja iluminación, caso concreto en la calle 3 con 2E del barrio la ceiba, como una de las mejores iluminadas por ser un barrio de estrato medio alto, existen en calles de longitud de 100 metros, dos luminarias por calle contraviniendo el estándar normativo que debe ser una luminaria cada 30 a 45 metros una de otra, imaginémonos en las calles de estratos bajos. Y si a esto agregamos el crecimiento libre de los árboles sin podar que impiden aún más la iluminación y luminarias apagadas como el caso de la calle 3 que tiene un mes con solo una luminaria, la otra quemada, nos encontramos en una ciudad a oscuras en manos de la delincuencia.
Convoco desde esta columna, a los honorables concejales ejercer un control político riguroso, con un estudio de campo juicioso en toda la ciudad que detecte lo que a la vista se evidencia, a la oficina de Planeación del Municipio, a la Contraloría Municipal y a los demás entes del municipio como responsable del servicio, para que se enumeren las falencias con miras a su corrección, en especial el no cumplimiento del Reglamento Técnico de Iluminación y Alumbrado Público (RETILAP) y las Resoluciones que lo desarrollan.
En época pretérita, en mi ejercicio como concejal, en forma artesanal me di a la tarea de recorrer calles para detectar ineficiencia en la prestación del servicio de alumbrado público de la época como insumo para un debate con el gerente de alumbrado que surtió efecto y se mejoró el servicio. Dicen que todo tiempo pasado fue mejor. Demuestren que no, señores concejales.
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