Colombia ya pasó la página de las presidenciales, ahora hay que pensar en la forma en que podemos rescatar la alcaldía de la ciudad. Jorge Acevedo está próximo a entregar y fue una administración en la que en lo personal le fue bien a él y a Cúcuta muy mal.
Colombia va a cumplir 40 años de elección popular de alcaldes y hago una reflexión con amigos sobre cuáles han sido las mejores alcaldías en ese tiempo. Sin duda, que los mejores alcaldes fueron los nombrados y no los elegidos.
En muchos años, creo que el mejor alcalde que ha tenido Cúcuta ha sido Eustorgio Colmenares Baptista. En su momento, y por las dificultades que enfrentó, aprecio lo que fue la administración de Jorge Maldonado Vargas. De los elegidos, ninguno es rescatable. Creo que la persona que más hizo por la ciudad en los últimos 40 años fue Julio García Herreros, quien no fue alcalde.
Esa labor de rescatar la cultura ha sido lo mejor que le ha sucedido a Cúcuta en muchos años. Otra de las obras rescatables de la ciudad ha sido Cenabastos, que tampoco fue construida por un alcalde -no le correspondía-. De igual forma, otra de las actividades rescatables de la ciudad ha sido la labor periodística de La Opinión, que durante años mantuvieron Eustorgio y Estefanía, así como todo el equipo del diario. Hasta ahí podemos contar.
Estos 40 años de elección popular de alcaldes ha sido un fracaso; controversias, decepciones, alcaldes con líos judiciales, y todo ello ha llevado a que la ciudad no haya crecido como correspondía. Nunca olvido, como anécdota, en alguna ocasión dictaba en la Universidad Libre un curso sobre administración municipal, y alguno de los alumnos iba acompañado de su hijo menor de edad, a quien tuve la oportunidad de preguntarle su opinión sobre los alcaldes de la ciudad: “Son señores que uno los ve en televisión en líos en la cárcel”. Ni para qué hablar de todo lo que tenemos que hacer para rescatar la ciudad. Estamos muy lejos de ser una de las fronteras más vivas de América Latina.
¿A hoy cuáles son los grandes déficits de la ciudad? Sin duda, que la obra que nunca hemos podido construir es la terminal de transporte. Al comienzo de su administración me tomaba un café con Jairo Yáñez, le recomendaba que lo mejor que puede hacer un alcalde es hacer una sola obra y le hablaba de que estábamos en mora de hacer la terminal de transporte. Fácilmente las terminales de Pamplona y Ocaña son mejores que las de Cúcuta.
En alguna ocasión se alcanzó a plantear una terminal de transporte intermunicipal, que comprendiera los municipios de Cúcuta, Villa del Rosario y Los Patios. Otro gran déficit de Cúcuta es la movilidad. En todas las ciudades se ha impuesto la ciclorruta como la manera más saludable de movilización. Aquí es un caos.
Otro déficit: el Cúcuta Deportivo. Es lamentable el estado en que se encuentra, y peor aún, todo el esfuerzo que se hizo el año pasado para salir de la B, y ahora tenemos nuevamente el riesgo de descender. Qué desastre. En algún momento, con Jorge Luis Pinto tratamos de lograr mejorar la administración del equipo. Una gran tarea pendiente que tenemos con la ciudad.
Comienzan a aparecer los candidatos para la próxima alcaldía. Siempre esperamos lo mejor. La alcaldía no debe ser un cargo para que lo ocupen quienes perdieron elecciones en el Congreso. Cúcuta, por fin, necesita un buen alcalde, y no lo que le sucedió en alguna ocasión a Jairo Slebi, quien cansado de un veedor ciudadano, Luis A. Díaz, quien siempre iba a la alcaldía y lo criticaba, en una oportunidad se lo encontró a la salida de la oficina y casi que suplicándole, de rodillas, le dijo: “Ay Luis, ya no me jodas más”.
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