Imagine que quiere construir una casa y un ingeniero le dice que no conoce realmente el terreno donde levantará la obra. Por seguridad tendrá que usar más concreto, más acero y asumir un costo mayor.
Eso es exactamente lo que ocurre hoy en Cúcuta: desde hace más de dos décadas la ciudad construye sin un estudio de microzonificación sísmica que permita conocer con precisión qué tan resistente es el suelo en cada sector.
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Se trata de una data muy importante en una zona de alta sismicidad, que no es capricho, sino una necesidad, cuya ejecución está estipulada en la Ley 400 de 1997, en lo concerniente al Código de Construcción Sismorresistente.
En el año, en la capital de Norte de Santander se ha movido hasta cinco veces. Según el ‘Estudio general de la amenaza sísmica de la ciudad de Cúcuta durante el periodo 2018-2021’ del Semillero Investigación en Geotecnia Ambiental de la Universidad Francisco de Paula Santander (UFPS), se evidenciaron un mínimo de dos temblores por año (2018) a un máximo de cinco (2020).
“La realización de estudios de amenaza sísmica permiten tener un control y conocimiento de los riesgos y precauciones que deben tenerse en cuenta para el diseño, adecuación y construcción de edificaciones. Estos son de vital importancia, ya que garantizan mayor seguridad para las estructuras, salvaguardando así, la vida humana”, argumentan los expertos.
Los investigadores enfatizaron en el informe que los sismos de los últimos años han sido de muy baja intensidad y, afortunadamente, no han cobrado vidas humanas ni ocasionado grandes daños a las estructuras, teniendo en cuenta que se trata de una región con gran actividad tectónica.
“Por tanto, es de vital importancia una zonificación geotécnica, la cual debe ejecutarse con estudios de microzonificación sísmica”, apuntan.
Para el presidente de la junta directiva de la sección Cúcuta y Nororiente de la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol), Abraham Ararat Mafla, el estudio de microzonoficación es demasiado importante, porque, en la capital fronteriza, hoy, todas las construcciones deben diseñarse como si toda la ciudad tuviera el mismo nivel de amenaza sísmica, lo cual incrementa los costos y limita el desarrollo urbano.
“Cúcuta ha crecido y hay zonas de menor riesgo. Sin embargo, se debe entender cuáles son zonas de alto riesgo y cuáles de bajo riesgo. Un estudio de microzonificación nos permite entender muestro territorio en términos sísmicos”, afirma Ararat.
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Se requieren $22.000 millones
En el marco de la visita del presidente electo, Abelardo de la Espriella, a Norte de Santander, hace una semana, el alcalde Jorge Acevedo habló con él sobre la urgente microzonificación, para lo cual requiere de su apoyo con la finalidad de obtener los recursos para su ejecución.
“Cúcuta se encuentra en una falla geológica muy importante. Acá hubo un terremoto en 1875, por eso la importancia de estar prevenidos y hacer ese estudio”, fue la precisión de Acevedo.
Desde la Secretaría de Gestión de Riesgo de Desastres precisaron que, cálculos hechos en 2022 arrojaron que para ejecutar dicho estudio se requieren $17.000 millones, con las proyecciones de incremento después de 4 años, el costo estaría por el orden de los $22.283 millones. No obstante, la administración municipal tiene algunos insumos que pueden bajar esos costos.
Los geólogos Juan David Rodríguez y Efraín Casadiego Quintero manifestaron a La Opinión que el valor de llevar a cabo un estudio de este tipo varía según el tamaño del territorio, el nivel de detalle exigido y si hay estudios previos actualizados.
Así, elaborar esa data para una ciudad de 300.000 pobladores, que cuente con información de geología, geotecnia, amenaza y respuesta sísmica, como es el caso de Armenia, se encuentra entre los $5.000 millones y $10.000 millones.
Abraham Ararat destaca que desde Camacol han impulsado la elaboración del estudio y reiterado a las entidades gubernamentales, tanto a la Alcaldía como a la Gobernación, sobre su relevancia.
“Es un asunto que requiere apoyo financiero del Gobierno nacional, porque, aunque se encuentra como un requerimiento en el POT (Plan de Ordenamiento Territorial) desde 2019, el municipio no cuenta con los recursos asignados para este”, precisa el líder gremial.
Por lo tanto, es importante que el municipio logre la consecución de los dineros para poder llevar a cabo esa iniciativa, que se necesita desde hace más de 25 años, estratégica para el desarrollo ordenado de la ciudad.

¿Construyendo a ciegas?
Abraham Ararat explica que el estudio de microzonificación sísmica permitiría determinar con precisión en qué áreas es posible desarrollar edificaciones de baja, mediana o gran altura, proporcionando información técnica fundamental para la planificación urbana, el aprovechamiento eficiente del suelo y la toma de decisiones tanto del sector público como del privado.
“La necesidad de este estudio se hizo aún más evidente con la entrada en vigencia del Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente (NSR-10), en 2010. Al no contar con una microzonificación, la ciudad debe evaluarse bajo un criterio general que, por razones de seguridad, la clasifica como una zona de amenaza sísmica alta y exige los máximos estándares de diseño estructural”, destalla el presidente de Camacol.
El también director de Cerámica Italia manifiesta que es ampliamente conocido que las condiciones geológicas no son uniformes en todo el territorio. No obstante, considera que contar con este estudio ayudará a identificar esas diferencias y a planificar el crecimiento de la construcción con mayor precisión, seguridad y eficiencia, beneficiando tanto a la ciudad como a sus habitantes
A la inquietud de si el gremio constructor ha estado trabajando a ciegas, al no contar con ese estudio, Ararat enfatiza que no, sino que, al contrario, el sector ha actuado con total responsabilidad y siempre dentro del cumplimiento de la normativa vigente.
“Lo que ha ocurrido es que, al no contar con un estudio de microzonificación sísmica, hemos tenido que diseñar y construir bajo criterios generalizados, con mayores especificaciones técnicas y, en muchos casos, con sobrecostos para cumplir los requisitos establecidos por la NSR-10”, señala el representante de Camacol.
En otras palabras, la ausencia de la microzonificación no ha significado improvisación, sino la imposibilidad de diferenciar las condiciones reales del territorio. Contar con el estudio les permitirá a los constructores conocer con exactitud las zonas de mayor riesgo, donde deben mantenerse las mayores exigencias estructurales, y aquellas donde las condiciones del suelo admitirían desarrollar edificaciones de mayor altura con criterios técnicos, seguros y eficientes.
Impacto económico
Abraham Ararat destaca que la ciudad se encuentra en desventaja frente a otros territorios que ya cuentan con estudios de microzonificación sísmica y herramientas técnicas más precisas para orientar su desarrollo urbano.
Añade que la planificación de una ciudad puede quedar incompleta si no se dispone de información que permita determinar con certeza en qué lugares es posible desarrollar proyectos con mayor densidad, especialmente en términos de altura.
“Además, esta situación tiene un impacto económico. Al no contar con esa información, los proyectos deben diseñarse bajo los criterios generales de la NSR-10, que, para Cúcuta, corresponden a los más exigentes del país, debido a su clasificación como zona de amenaza sísmica alta. Esto puede traducirse en estructuras más robustas y, por consiguiente, en mayores costos de construcción”, subraya el líder gremial.
El vocero de la Cámara Colombiana de la Construcción insiste que este documento no solo fortalecerá la planificación urbana sino que igualmente servirá en la toma de decisiones eficientes para el desarrollo de la capital de Norte de Santander.
Más que un requisito técnico, la microzonificación sísmica es una herramienta que puede salvar vidas, reducir costos de construcción y orientar el crecimiento ordenado de una ciudad que continúa expandiéndose sobre uno de los territorios con mayor actividad sísmica de Colombia.
Quindío, ejemplo reciente
En Quindío, la Gobernación avanza en la realización del estudio de microzonificación sísmica, para conocer con precisión cómo responden los suelos ante un sismo y definir criterios para el diseño de edificaciones que protejan la vida y el patrimonio. En agosto se completaría la entrega del 100% de la documentación.
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De acuerdo con el director de la Unidad Departamental para la Gestión del Riesgo de Desastres, Jaider Alexander Hidalgo, un hallazgo positivo relevante es que la falla de Armenia se encuentra inactiva.
El proyecto, que busca actualizar la data sísmica con más de 15 años de antigüedad, contempla tres frentes de acción: la armonización de la microzonificación sísmica del perímetro urbano de Armenia, la zonificación geotécnica sísmica y la integración de esta información a los instrumentos de ordenamiento territorial y de gestión del riesgo.
El geólogo Efraín Casadiego Quintero, docente de la Universidad Santo Tomás en Bucaramanga, explica a La Opinión que este tipo de estudio es una guía clave para las constructoras e ingenieros, para diseñas estructuras que soporten los sismos.
“Todas la ciudades deberían tener un estudio de microzonificación, pero en Colombia solo los hay en las principales con más de 2 millones de habitantes o las que se encuentran en zonas de alto riesgo sísmico. Bogotá es la que más avance tiene en este aspecto, porque cubre la totalidad del área urbana y rural del distrito”, añade el experto.
Su colega Juan David Rodríguez menciona que Medellín, Manizales, Cali y Bogotá son algunas de las capitales principales con estudios de microzonificación sísmica al tiempo que lamentó que Cúcuta, que debería tenerlo ya, aún no cuente con ese diagnóstico.
“Al fin de cuentas, ejecutar este estudio resulta barato, porque cuánto cuesta reconstruir una ciudad mal planificada, respecto a una mejor planeada, donde la infraestructura no se afecte tanto con un terremoto. Ahí cualquier cifra resulta irrisoria”, concluye.
Rodríguez subraya que Colombia tiene el talento humano, los geocientíficos, para desarrollar esos estudios, por lo que la clave es la gestión ante la academia y las instituciones, con el fin de realizarlos.
¿Cúcuta es atravesada por cuatro fallas:
- Falla de Cúcuta. Controla el curso del río Pamplonita y se extiende por aproximadamente 16 km. Históricamente, se le asocia con la reactivación y el gran terremoto que destruyó la ciudad en 1875.
- Falla Tasajero. De 38 km de longitud asociado al Cerro Tasajero.
- Falla de Boconó. Se ubica principalmente en territorio venezolano, en Los Andes, pero es una de las fuentes sismogénicas que amenazan el área metropolitana.
- Falla frontal de la Cordillera Oriental. Es una de las zonas con mayor sismicidad en todo el país.
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