La primera persona que debería respetar esta ciudad es usted, pero en los últimos meses es quien menos lo hace. Da la impresión que ni siquiera le interesa. Aquella expresión muy nuestra, “si quiere hacer lo que se le dé la gana, vaya a Cúcuta”, pareciera que ha sido su hoja de ruta para administrar la ciudad. Lo que acaba de demostrar una vez más con la solicitud de aprobación de $30.000 millones, cuando hace apenas pocos meses le había sido aprobado uno por $287.000 millones, créditos sin hoja de ruta, que se gastan de manera irresponsable y el juego continúa.
Lo que menos importa es la ciudad. Los comentarios que todos los días se hacen sobre compromisos, negocios y socios del alcalde son más preocupantes. ¿Para qué necesita el alcalde tanto dinero? ¿Qué es lo que está pagando y especialmente a quién? Este episodio solo me recuerda la forma como termina el libro de García Márquez La Mala Hora. Resulta más que ajustado.
Como lo escribiera en alguna ocasión, resulta que en Macondo hubo tanta corrupción como ahora en Cúcuta. El libro narra la historia de un empresario de un circo que llega al pueblo para hacer una presentación. El alcalde, quien era un teniente corrupto que se la pasaba con dolor de muela, le pide una coima muy grande al empresario, quien le dice que es demasiado alta y no la puede pagar. Decepcionado, el empresario se va de Macondo, y la salida del pueblo era por un río. Cuando iba de salida, el alcalde ve el barco en el último recodo y le dice al empresario: “Espero que tenga la entereza y le diga la verdad a la gente de Macondo. Que usted se va porque no le quiso dar una función gratis a los estudiantes”. El empresario, que ve que poco le queda para dar la vuelta, le grita al alcalde: “Adiós alcalde hpta”. Así va a despedir el próximo año la ciudad al alcalde Jorge Acevedo.
Los episodios de corrupción de los alcaldes en Colombia son muchos. El famoso alcalde de Yopal, ‘John Calzones’ es de ripley. Un alcalde que es elegido estando preso y posesiona a su gabinete en la cárcel. O aquel famoso político cartagenero Javier Cáceres, apodado ‘el chuzo contra la corrupción’, que termina condenado por corrupción, o Samuel Moreno, que roba el dinero que no necesitaba, un hombre que en vez de terminar preso, tuvo todo para ser presidente.
Recuerdo en alguna ocasión en Pamplona un alcalde que termina preso y entre chiste y verdad, la gente decía que los demás presos le solicitaban al director que lo dejara libre al exalcalde porque desde que estaba en la cárcel, las cosas se empezaron a perder.
Si bien en Colombia es posible que ocurra cualquier cosa, una de sus mejores definiciones se la escuché a Juan Esteban Constain, quien en alguna ocasión en una entrevista para una revista inglesa decía que lo más parecido a Colombia era un carro bajando la Línea sin frenos. Así tiene usted a Cúcuta, alcalde Acevedo, un carro sin frenos, una ciudad en bancarrota, sin futuro, en la que cada día hay más papás pitufos y faraones. Algo como lo que pasa en Medellín con la administración de Daniel Quintero, a quien ahora lo investigan por lavado de activos.
Muy diferente a lo que sucede, por supuesto, en un país como Alemania, en donde en Berlín un alcalde tardó dos meses en entregar una obra y por ello decidió renunciar.
Pronto Cúcuta va a elegir a su próximo alcalde. De esto ya he escrito en varias ocasiones. Cúcuta necesita un alcalde decente. Lo que más nos preocupa hoy en día señor alcalde, es el tiempo que le hace falta para terminar. Así como vamos no le puede ir peor a la ciudad. Por ahora hay un comité que ya le prepara una pancarta en el parque Santander, en la que en mayúscula le dice: “adiós alcalde hp”.
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