La última semana de septiembre de 2026 dejó un panorama macroeconómico complejo, retador y con más nudos que lazo marinero. Entre decisiones monetarias que cayeron como agua fría en La Playa, bandazos del dólar y discusiones fiscales, el país camina en la cuerda floja mientras los de la oposición lloran sobre leche derramada y el gobierno anterior se lava las manos como Pilatos, fingiendo que la herencia que dejaron fue un jardín de rosas y no este terreno minado.
El plato fuerte del periodo se sirvió el 30 de septiembre, cuando la Junta Directiva del Banco de la República —con más frialdad que cementerio a medianoche— decidió apretar las tuercas y subir la tasa de interés de referencia del 12 % al 12,25%. Esta jugada dejó viendo un chispero a más de uno, bajo el argumento de atajar la inflación y blindar al país del fantasma de la Reserva Federal gringa. Pero, seamos francos, aquí aplica el dicho popular: "el remedio resultó más caro que la enfermedad", pues este incremento generó inmediatas alertas sobre el encarecimiento del crédito y una posible desaceleración más profunda del consumo interno y del sector productivo.
En el frente cambiario, el peso colombiano se tambaleó más que borracho en bajada, experimentando una marcada volatilidad durante las últimas jornadas. Aunque el dólar estadounidense había mostrado ciertos retrocesos en semanas previas, la divisa repuntó e influyó en que el mes cerrara con una depreciación acumulada de la moneda local superior al 2 %. Este comportamiento respondió tanto al fortalecimiento global del índice del dólar como al aumento en la aversión al riesgo de los inversionistas internacionales frente a los mercados emergentes. Paralelamente, la presión sobre la deuda soberana se intensificó debido a los mayores rendimientos globales, avivando las discusiones económicas en torno al déficit fiscal, las metas de crecimiento proyectadas y la necesidad de consolidar ajustes en las cuentas públicas del país.
Por su parte, la oposición, fiel a su estilo, salió a pontificar desde la comodidad de sus escritorios echándole la culpa al Ejecutivo de todos los males terrenales, como si los desbarajustes fiscales de la administración pasada —que nos dejaron con el chopo al hombro y las arcas peladas— fueran responsabilidad exclusiva de los astros.
El mercado laboral y la dinámica empresarial tampoco se salvan del sofoco. El trimestre móvil frenó la bajada del desempleo. No obstante, como dice el refrán: "no hay mal que por bien no venga", y algunos sectores mostraron colmillo: las ventas de motos y vehículos nuevos rugieron con fuerza, y corporaciones estatales como Ecopetrol navegaron como pudieron entre los pagos de combustibles y los enredos de su propia estructura corporativa.
Asimismo, en el ámbito institucional y de financiamiento externo, se registraron acercamientos y visitas de alto nivel con organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), orientados a explorar alternativas de apoyo y consolidar la estabilidad fiscal de cara al cierre de año. En conjunto, la última semana de septiembre consolidó un escenario donde la cautela, el costo del dinero y la disciplina fiscal dominan la agenda económica nacional.
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