El copisolero es ese lobo estepario que vemos en los bares tomando trago solo-íngrimo; escupe en el suelo, fuma, mira desafiante al viento, a su entorno de ebrios. Suele andar revólver al cinto, listo a "desfacer entuertos". Tiene cara de retrato hablado y, mínimo, le pusieron los cuernos. Se merece una desoladora milonga de Borges cantada por Edmundo Rivero.
El copisolero de internet vive atento al wasap. Si su amada no lo llama, lo hará él cuando el licor le haya alborotado la tripa erótico-sentimental. De pronto la velada termine en serenata y en cosquillas de la pareja debajo de las sábanas.
El Diccionario oficial lo ignora. Mario Alario Di Filippo, en su “Lexicón”, le gasta seis palabras: “Aplícase al que suele beber solo”. El manizaleño Álvaro Marín Osorio, en su libro “Voces Fatigadas” avala la definición y lo hermana con cusumbosolo.
Ahora existe el copisolero ajedrecístico creado por el escritor envigadeño Jairo Morales Henao, mandamás del taller de literatura de la Biblioteca Pública Piloto.
Morales se regodea perfilando al especimen: “Somos una logia dispersa, una diáspora iniciada quién sabe desde cuándo, anónima, algo secreta, no nos conocemos entre nosotros. Somos una suerte de aristocracia. Más que recrear las partidas nos las paladeamos sorbo a sorbo, acompañados de tragos lentos de café, vino o whisky”.
Agrega: “Mientras quienes compiten lo hacen en un presente absoluto, nosotros vivimos algo así como la nostalgia de las partidas”.
Jairo es una especie de jíbaro del ajedrez: distribuye partidas que lo han hecho levitar. Se merece la presidencia vitalicia de la Sociedad de Copisoleros Vivos, SOCOVI. La primera partida que reprodujo es la que Tal le ganó a Botvinnik en 1961. Los domingos entre 3 y 5 de la tarde, la hora de los suicidas, reproduce partidas. Después sigue existiendo.
Exijo la vicepresidencia de SOCOVI. Como soy de los mismos jíbaros, regalo partidas. Incluida la sexta por el mundial de ajedrez que Fischer le ganó a Spassky a quien despojó del título mundial. Hubo tanta imaginación que el soviético se puso de pie y aplaudió a su verdugo. Es como si la reina María Antonieta le diera propina anticipada al operador de la guillotina a cambio de que no le arruinara el “pouf” ( peinado).
Echamos de menos al fundador y director de El Tiempo y del diario La República, Alfonso Villegas, el caldense que en 1927 publicaba en primera página las partidas por el mundial que Alejin le ganó a Capablanca. Le llegaban por cable. Deseamos que el italo-norteamericano Caruana con su cara de Subuso, sea campeón mundial, y que el uzbeko Sindarov derrote al indio Gukesh en el match por el título.
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