Un famoso, L´enfant terrible o el niño terrible, fue Daniel Cohn-Bendit, Dany el Rojo, quien, en mayo del ´68, durante las protestas de Paris, fue conocido por su beligerancia. Hoy, Colombia y medio mundo, padecen un L´enfant terrible: un niño terrible jugando con el clima y dispuesto a achicharrarnos con sus altas temperaturas. Lo llamamos: el “fenómeno del niño”.
Cuando hablamos de Cambio Climático, asociamos los fenómenos de El niño y de La Niña, con el. Pero, no. Lo que viene ocurriendo con dicho Cambio ahonda, profundiza las consecuencias de estos dos fenómenos cíclicos para los que no existe un calendario que muestre su probabilidad de ocurrencia, por tratarse de un ciclo irregular; los padecemos en promedio cada 2 o 7 años, siendo el fenómeno de El Niño el de mayor ocurrencia, por el calentamiento de las aguas del Océano Pacífico. La Niña, ocurre, por lo contrario, pero suele extenderse por más tiempo.
Una publicación de CORNARE, nos explica: “El Ciclo conocido como El Niño, La Niña – Oscilación del Sur – ENOS, es la causa de la mayor señal de variabilidad climática en la franja tropical del océano Pacifico, en la escala interanual. El Niño y su fase opuesta La Niña, son las componentes oceánicas del ENOS y corresponden, en términos generales, a la aparición, de tiempo en tiempo, de aguas superficiales relativamente más cálidas (El Niño) o más frías (La Niña) que lo normal en el Pacífico tropical central y oriental, frente a las costas del norte de Perú, Ecuador y sur de Colombia…”
De otra parte, el Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica -NOOA-, por sus siglas en inglés, en el pasado septiembre advirtió que El Niño se viene “fortaleciendo con una probabilidad mayor del 90% de un evento muy fuerte entre septiembre de 2026 y febrero de 2027”. En Colombia, el MinAmbiente y el IDEAM, declaró el 11 de junio pasado la visita de El Niño y la probabilidad de llegar a ese 90% en el último trimestre de este año, es decir, ¡ya!
El registro de los más fuertes El Niño, muestra los años de 1982-3; 1997-98; 2015-16, que alcanzaron a extenderse por un año y más. El pronóstico de la NOAA, considera en un 75%, que, el actual, superará todos los registrados desde 1950.
El fenómeno de El Niño, contrario a lo que se cree, no solo genera sequías y altas temperaturas, sino que puede también ocasionar lluvias torrenciales, inundaciones con afectaciones de todo tipo.
Las noticias, ya nos registran importantes déficits de agua y sequías. El IDEAM, reportó una reducción de lluvias de promedios históricos de entre el 60% al 62%; un aumento de temperaturas extremas en las Región Andina, Caribe y Pacífica; Incendios forestales por doquier y daños a los ecosistemas con afectación de suelos, de la flora y la fauna; un riesgo de “sabanización” de la Amazonía.
No demora el DANE, en entregarnos datos sobre aumento de precios de los alimentos que impactarán directa y negativamente en los niveles de inflación, esto último, en medio de la crisis financiera que vivimos.
Pero, desgraciadamente, pasará el fenómeno de El Niño, llegará el de La Niña y volveremos a quejarnos y a vivir con este último situaciones como las de 2010, cuando por causa de las inundaciones tuvimos que reubicar poblaciones, como el emblemático caso de Gramalote, en Norte de Santander o Higueretal, Bolívar, inundado por las aguas del Canal del Dique, entre muchas poblaciones afectadas.
A los gomosos del Ordenamiento Territorial nos da decepción y rabia, ver como el Plan Nacional de Desarrollo, del anterior gobierno, conceptualmente concebido como la brújula a seguir para ordenar el territorio, se quedó en eso, en conceptos. No vale ni la pena enumerar su incumplimiento, que va desde la presentación hasta el último capítulo.
Seguimos en mora de un Plan Nacional de Ordenamiento Territorial-PNOT-, que haga realidad el ordenamiento en torno del agua, como lo pretendió el arriba mencionado, Plan. El terremoto pasado, El Niño, La Niña, los conflictos en los territorios, nos muestran esa urgencia. Quizás esta nueva administración dé los lineamientos y, ahora que se habla del gobierno de las regiones, podamos lograr la anhelada cohesión nación-territorios.
Y ¿la Academia?, bien gracias. En su acostumbrada actitud de “Mutis por el foro”. En algunas de nuestras universidades, para el caso de Norte de Santander, viendo a ver qué político de medio pelo mete el zarpazo para quedarse con ellas. En otras, sin inmutarse, viendo pasar por sus narices acontecimientos como este de El Niño, sin hacerle a la región aporte alguno. 8000 hectáreas de arroz, por ejemplo, se dejarán de sembrar, según informes, que afectarán empleo y precio de alimentos. El pico de temperatura de 39.5 °C que alcanzó Cúcuta, ¿incide en algo? O ¿sobre el descenso de los ríos Zulia, Pamplonita, Táchira y su impacto, algo que decir, proponer?
Tenemos una oportunidad de oro. El gobierno de De La Espriella, debe comenzar a diseñar su Plan Nacional de Desarrollo, que seguramente llevará el apellido “Milagro”. Con el liderazgo del gobernador, los alcaldes y las universidades, ¿será que podemos lograr el milagro de anticiparnos y proponer lo que consideramos debe hacerse en la región? O, ¿esperamos un terremoto o la llegada de La Niña, para llorar sobre la leche derramada?
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