Un nuevo golpe contra la banda delincuencial Familia P habría permitido esclarecer la responsabilidad detrás de dos homicidios que sacudieron a Cúcuta el año pasado. Cindy Johana Sarabia Amaya, quien quedó en estado de gestación después de una secuencia de dos hechos de sangre, sería una de las principales señaladas.
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La mujer, más conocida en el mundo delictivo por su segundo nombre, fue una de las últimas presuntas integrantes de esta organización en ser capturadas, encarceladas y judicializadas por los asesinatos de Blanca Rocío Lobo Guerrero y Luciano Velazco Peñaranda.
Según la investigación, la mujer habría participado directamente en estos crímenes y ahora enfrenta cargos por concierto para delinquir agravado con fines de homicidio, homicidio agravado y tráfico de estupefacientes.
Junto con ella cayeron otros cinco integrantes de la Familia P, la mayoría mujeres, un hecho que llamó la atención de las autoridades.
Las detenciones fueron resultado de un operativo que permitió a las autoridades recopilar suficiente material probatorio en contra de Johana, Carlos Humberto Báez Esparza, Emilse Gutiérrez Alfonso, Adrián Eliécer Paredes Gutiérrez, Yuslami Estefany Paredes Gutiérrez y Dinora Fedianny González Aguilera, para obtener varias órdenes de allanamiento.
En total, fueron cinco diligencias de registro adelantadas en los barrios La Victoria, Valles del Rodeo y en las torres de Cormoranes, que terminaron con la captura de las seis personas mencionadas.
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Durante el operativo fueron incautados cuatro teléfonos celulares, elementos que quedaron a disposición de la autoridad competente para ser sometidos a análisis técnicos y forenses. Con estos estudios se busca confirmar su posible vinculación con los crímenes y establecer si estarían relacionados con otros hechos de sangre.
Tras la judicialización, y de acuerdo con la participación individual que les atribuye la Fiscalía en los delitos por los cuales son señalados, todos fueron enviados a prisión.
Según la investigación, varios de ellos también desempeñarían roles en el negocio de comercialización y distribución de estupefacientes bajo las órdenes del cabecilla de la Familia P, alias Porras.
El nombre clave dentro del grupo sería el de Johana, quien, de acuerdo con las autoridades, habría desempeñado un papel importante en la comisión de homicidios.
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