La Casa de América Latina, fundada en 1946 por el General Charles de Gaulle, para manejar los asuntos sociales, políticos y la diplomacia iberoamericana, parece que desaparecerá tragada por la bendita corrupción.
Funcionaba en la bellísima “Palaceta” de 7.000 metros cuadrados, construida en 1880. Su inquilino, el Banco de Francia, comenzó a vender sus locales comerciales. La comprarán por cien millones de euros Xavier Neil y Barnard Arnauld y la alquilarán preferiblemente para reuniones de partidos políticos y grupos de opinión.
El Periódico Le Fígaro informó que unos cinco mil franceses protestaron y firmaron un documento. Recordé a Carlos Fuentes, que un día en la Universidad Autónoma de México, propaló que la segunda patria de los exiliados latinoamericanos era Francia, París y la Casa de la Cultura.
La Palaceta, desde su construcción, tiene el “sino” de los inhobili mercatori, los plebeyos desiguales y sin privilegios del tercer estado, que era en tiempos de la revolución el 95% de la población.
Comerciantes que lograron apoderarse de los medios de producción: tierra, capital y trabajo los manipularon y utilizaron y se quedaron con todo. Adiós nobleza, educación y religión.
La nobleza y la iglesia católica constituían el 5% restante con la audacia, la insensibilidad social, con los monopolios, el utilitarismo y la especulación financiera.
Allí estaba lo peor de la naturaleza humana; los banqueros y los clérigos, los aprendices de soldados, los artesanos chicos y grandes y los comerciantes urbanos.
La relación más absurda, pues el 95% o la carne de cañón eran los campesinos desplazados, los obreros urbanos y los estudiantes, explotados por el estado y la Iglesia que en las ciudades, originaron la burguesía, cuyo prestigio, poder e influencia se disparó a mediados de 1800.
Inverosímil que en 146 años el planeta no haya logrado encontrar la fórmula de democratizar y racionalizar la tenencia de la tierra, fuente de todos los conflictos.
En América Latina tenemos casi 60 millones de campesinos urbanos, sobreviviendo del aprendizaje de oficios nuevos, reiterándose altos niveles de pobreza y vulnerabilidad, baja productividad y permanencia de la brecha de infraestructura física y social.
Y con todo y estas cifras, en París vendieron la Casa de la Cultura y como dicen los niños post-covid: “¡Estamos muy divertidos!”
Adenda: Según la OIT, la tasa de la pobreza rural en latinoamérica es del 50% y la de la pobreza urbana de 24%.
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