Dentro de las tantas inquietudes que nos deja la pasada elección presidencial, una, ha sido cuáles son las universidades de donde egresaron, a la fecha, más presidentes de la república.
Mi personal inquietud coincidió con un artículo del diario La República que nos contó en los últimos 100 años, cuáles han sido esas universidades dónde se formaron profesionalmente nuestros presidentes. Veamos. La Universidad del Rosario, ha sido la que máspresidentes ha puesto, 5: Miguel Abadía Méndez (1926-1930). Eduardo Santos (1938-1942). Roberto Urdaneta Arbeláez (1951-1953). Alfonso López Michelsen (1974-1978). Andrés Pastrana Arango (1998-2022). Todos los anteriores, graduados en Derecho.
Universidad Nacional, 4: Mariano Ospina Pérez (1946-1950. Ing de Minas). Laureano Gómez (1950-1951. Ing. Civil). Carlos Lleras Restrepo (1966-1970. Derecho). Virgilio Barco Vargas (1986-1990. Ing. Civil)
Universidad Javeriana, 2: Misael Pastrana Borrero (1970-1974. Derecho). Ernesto Samper Pizano (1994-1998. Economía)
Universidad Sergio Arboleda, 2: Iván Duque Márquez (2018-2022). Abelardo de La Espriella (2026-2030) Ambos egresados en Derecho.
Y, en los últimos 50 años, aparte de los anteriores: Belisario Betancur (1982-1986. Derecho. Universidad Pontificia Bolivariana). César Gaviria Trujillo (1990-1994. Economía. Universidad de los Andes). Alvaro Uribe Vélez (2002-2010. Derecho. Universidad de Antioquia). Gustavo Petro (2022-2026. UniversidadExternado de Colombia. Economía).
Excluyo, a propósito, a Julio César Turbay Ayala (1978-1982) cuya formación fue autodidacta; a Juan Manuel Santos (2010-2018. Universidad de Kansas. Economía)
Llama la atención, entonces, que solo cuatro universidades en los últimos cien años hayan puesto presidentes. Aunque no es un axioma que solo por estudiar y egresar de determinado claustro deba salir un presidente, sí hace pensar acerca de cuál es la formación que las instituciones de educación superior pública y privada están brindando a sus estudiantes.
Pareciera, por ejemplo,que están dedicadas a enseñar las áreas propias de las ingenierías sin mirar el contexto en el que se mueve la infraestructura física del país para impactar la economía y su desarrollo social; facultades de Economía, limitadas a repasar las teorías económicas sin enseñar a pensar en la perspectiva mundial en que esta se mueve y hacer aportes al país; o, facultades de Derecho ensimismadas, como Narciso mirándose en el estanquedel Derecho Procesal, o Civil o Laboral, ni siquiera en el Constitucional, empeñadas en sacar “abogados de baranda”; y, así, programas igualmente centenarios o nuevos, con nombre exóticos que se convierten en moda, solo para atraer matriculas y sobrevivir.
Las universidades en Colombia, lo demuestra la relación anterior, perdieron vocación de poder, lo subrayo. Se supone, aunque todo supuesto es falso, que es en los claustros universitarios donde debe formarse la dirigencia nacional y local, no solo estudiando los currículos para pasar las materias y graduarse sino donde docentes, estudiantes, investigadores a través de los observatorios de las distintas políticas públicas estudian, analizan y aportan ideas a los gobernantes para un mejor desarrollo de sus gobiernos. Esono se está haciendo o, por lo menos, no se veni se siente.
El fenómeno, sí, me atrevo a llamarlo así, de la Universidad Sergio Arboleda, debe llamar la atención. Esta, una de las universidades más jóvenes del país, fundada en 1984 por Álvaro Gómez Hurtado y Rodrigo Noguera Laborde, para hablarlo en lenguaje coloquial y haciendo abstracción de las distintas consideraciones que puedan haber, ya nos ha metido 2 presidentes de la República, en 42 años: Iván Duque y Abelardo de La Espriella.
¿Qué está haciendo la Sergio? ¿Es pura casualidad o buena suerte, como dirán algunos? En el marco de su ideología claramente conservadora y de derecha, ¿están enseñando a sus estudiantes cómo ser dirigentes?, ¿cómo es el poder y cómo se accede a él, amén de sus programas curriculares? Si esto es así, queda demostrado que lo uno no es óbice paralo otro. Que se puede enseñar Derecho, Economía y otros programas, pero también formar dirigentes en lo público y privado.
En lo local, puntualmente para el Norte de Santander, siempre dije que teníamos una academia autista, desligada de las problemáticas políticas, económicas y sociales de la región. Que pareciera que nada de lo que ocurre, tiene que ver con ella.
¿Qué pasa entonces con Universidades centenarias como la Universidad Libre, mi Alma Mater, que no solo no ha dado un presidente de la República, ¿sino que hoy ya no tiene magistrados egresados de sus claustros en las Altas Cortes? O, la Universidad del Cauca, que en el siglo XIX parió 17 presidentes. O, las centenarísimas universidades Santo Tomás; de Cartagena; San Buenaventura, entre otras.
Aunque el prestigio de una Universidad no se mide por el número de presidentes que haya tenido o de magistrados, o de grandes empresarios, si vale la pena que por lo menos los responsables de la educación superior pública y privada, abran un debate no político sino académico sobre “esta tontería de cómo formar dirigentes”, sobre cómo recuperar su vocación de poder, para influir en las decisiones de país.
Ojalá recordemos y recuperemos lo que Malcolm Deas, en su obra “Del poder y la Gramática”, cuando refiriéndose a la historia política de Colombia, escribió cómo hubo una culta dirigencia que acompasó el poder con el buen lenguaje, con la buena retórica, con la gramática española. Hoy, hasta eso perdimos.
Ahoralas famosas redes sociales exaltan al más chambón e inculto para hablar. Ya los currículos de las facultades donde se forman abogados se olvidaron de enseñar oratoria, el arte de saber hablar.
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