Han pasado veinticinco años desde que vimos en vivo el ataque terrorista del grupo islámico Al Qaeda que lideraba Osama Bin Laden contra las torres gemelas del World Trade Center, en el que murieron 19 migrantes colombianos (nuestra cuota), entre los tres mil que perecieron y que trabajaban realizando el mal llamado “sueño americano”, ganando y remesando dólares para un mejor subsistir familiar.
Se dieron casos dramáticos como el de Carlos Alberto Montoya, que viviendo en Boston, trabajando en el Hotel Harbor, cambió su viaje solo para encontrarse con sus hermanas que no veía hacía mucho tiempo.
O el de Luis Eduardo Torres, de 31 años, quien llegó a NY siendo un niño y su sentido de superación lo había llevado a Wall Street y era un hábil corredor de divisas. Solidario amigo, allí llevó a sus paisanos Milton Bustillo, técnico en computadoras; a Rafael Santos, experto en redes, y a César Murillo, un comerciante quindiano.
En el piso 103 de una de las torres estaba el Restaurante Windows on The World, donde trabajaban el chef Víctor Hugo Paz Gutiérrez, un excelente repostero que había dejado a Cali como víctima del sicariato que le privó de sus hermanos.
O el caso de Wílder Alfredo Gómez, otro valluno que con sus cuatro hijos huyó de la violencia, en 1985, y había contraído matrimonio dos meses antes. Y la suerte que corrió Sonia Ortiz, una mujer inteligente y activa, casi sesentona que llegó a NY como aseadora en Queens y en WTC pasó a ser ascensorista de los últimos pisos.
Jorge Luis Morón fue reclutado como vigilante por una empresa de seguridad colombiana y llevado al lobby de una de las torres, se despidió de su esposa embarazada y pereció junto a Carlos Cortez Rodríguez en el piso 91 Washington Group de la torre sur. Junto a ellos, en la firma Marsh & McLennan, laboraban Danny Correa y Arcelia Castillo, a punto de graduarse en Contaduría.
Dramático el caso de Hernando Salas, un anciano de 71 años, que ese día decidió entregar su oficina cercana a las torres y bajó para morir en las calles asfixiado por el polvo de los escombros y el humo de los incendios. A todos los compatriotas una placa los recuerda en la Zona Cero. Pero… el terrorismo sigue igual, con redes o sin ellas. Las cosas de la cibernética.
Adenda: La cibernética es una camisa de fuerza, en la cual un monitor compara lo que pasa en un sistema en diferentes tiempos de señalamiento con un patrón casi inflexible y del que es casi imposible salirse. Absurdo porque elimina la duda, que es la fuente de las ciencias. ¿O no?
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en http://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion .
