Estuvo tan mala ayer la mañana para los comerciantes formales e informales, que a las doce del mediodía Yineslay Bueno, una pelirroja que vende blusas y vestidos en un andén de la calle 9, se quejaba de no haber podido ‘bajar bandera’. “No hice ni para las medias nueve ni el almuerzo, ¡qué horror!”, se lamentó la mujer.
Su descontento se extendió por todos los rincones del centro de Cúcuta, sobre todo en el corazón financiero y comercial de la capital nortesantandereana, porque la matinal no atrajo a esta importante zona los clientes ni el público habitual.
El paisaje por avenidas como quinta, sexta y la séptima, que en días ordinarios son vías imposibles para la movilidad, ayer, por el paro que protagonizaron los taxistas, era el más parecido al de un día sin carro.
Las pocas personas que lograron ingresar al centro provenientes de las ciudadelas de Juan Atalaya, La Libertad, Belén y Aeropuerto, fue porque madrugaron y lograron pasar a tiempo antes de que los conductores del gremio amarillo bloquearan más de 12 sitios estratégicos a partir de las seis de la mañana.
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Emel Granados, residente en el barrio Atalaya I Etapa, retornaba carilargo a su casa a eso de las 10 y 30 de la mañana. “Me vine a pie desde mi casa a la alcaldía porque debía solicitar en Hacienda el recibo del predial, para pagarlo, pero oh sorpresa que al llegar al palacio municipal los porteros me impidieron el ingreso porque no había atención para lo que yo iba a hacer”.
Pero no fue el único que se encontró con esta misma negativa. También Marisela Hernández, una abogada que intentó radicar un oficio en la Ventanilla Única de la alcaldía y no lo pudo hacer “sencillamente porque no había atención al público en la mañana, algo que uno no se explica, porque la alcaldía debió dar ejemplo”.
La alcaldía, amaneció ayer atrincherada por vallas de la Policía y por harta presencia de uniformados, “pero sí había atención al público”, mencionaron voceros de la sede oficial.
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Bajón en las ventas
En la cafetería La Catedral que funciona justo a un costado de la Catedral San José, solo dos clientes tomaban tinto a las 11 de la mañana. Las vitrinas y calentadores permanecían a esta hora repletos de pasteles, buñuelos y arepas. “Lastimosamente no nos han llegado clientes como otros días, las ventas se nos cayeron más del sesenta por ciento”, dijo una de las señoras que atendía el negocio.
Y esto porque salieron de circulación los más de 8.500 taxis que hay en el área metropolitana y en su mayoría las cerca de 1.600 busetas se servicio público, lo que representó la caída de los ingresos para miles de negocios que si bien abrieron sus puertas no contaron con clientes al mismo ritmo que acostumbraban en días normales.
Este impacto también se tradujo en pérdidas para el sector de restaurantes y bebidas, debido que los reiterados trancones no permitieron no solo que los comensales llegaran sino también los mismos empleados y proveedores.
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“El tema es movilidad, si no nos podemos mover las cosas se afectan”, dijo el director ejecutivo de la Asociación Colombiana de la Industria Gastronómica, capítulo Cúcuta, Juan Pablo Londero, quien reveló que las ventas en el sector que representa pudieron bajar entre un 30 y 40 por ciento.